Es invierno en esta parte del mundo, aquí, donde el ser humano se hermana con la naturaleza, con la cimiente de trigo, maíz y arroz, con la chacra de frutas y verduras, es invierno y lluvia, notas cantarinas como arpegio de guitarra, gotas, unas tras de otras, en un baile casi interminable…


Mientras en el sur del sur llueve y llueve, a ratos con furia violenta, a ratos con delicada llovizna, damos gracias al cielo por tal bendición. El agua limpia, santifica, otorga vida, germina la semilla, calma la sed y riega la tierra entera. Cae como granos de azúcar sobre la pradera, viene a iluminar de colores el jardín, a prodigar buena ventura para el campesino y el labrador.

Es invierno en esta parte del mundo, aquí, donde el ser humano se hermana con la naturaleza, con la cimiente de trigo, maíz y arroz, con la chacra de frutas y verduras, es invierno y lluvia, notas cantarinas como arpegio de guitarra, gotas, unas tras de otras, en un baile casi interminable…

El viento norte flamea las banderas, el trueno y el relámpago invaden la aldea global, ocultan al astro padre, en ocasiones dejan transcurrir pequeños rayos sinuosos para teñir de colores el horizonte. El viento puede ser devastador y mortal, pequeña caricia doméstica, anuncio, presagio y ventura, el viento destronca los árboles y alza la humedad que se convierte en nueva agua y bendición.

Nuestra cordillera se viste en copos de nieve, majestuosa diosa cubierta de blanco, el blanco más blanco en el espectro de luz, plumón de algodón que invita al relajo, al sueño placentero y a la reserva de agua para la época estival, cordillera imponente desde su altura, collage de agua hecho a retazos de nieve sobre la cumbre de un volcán.

Las nubes, como cardumen de peces, se abalanzan sobre el territorio continental, pequeñas y juguetonas o monstruosa oscuridad fluvial, las nubes son pasajeras, transeúntes que anidan en el cielo para desplegar su parvada de gotas que al final del día son lluvia, lluvia de invierno.

Esperamos con paciencia la llegada del aguacero, aquel que se aguarda con ansia cuando la tierra reclama en sequedad. Sin la lluvia la tierra se revuelca en desierto, procura humedad para ser vientre fértil que preñada de luz nos regala energía vital, nuestro alimento diario, el sustento de nuestra existencia.

La lluvia es una caja de sorpresas, aparece cuando menos se le espera, viene navegando desde el océano intranquilo, se aglutina en millones de gotas que descienden sobre la faz de la tierra para untar nuestros labios, para prodigar vida a todo nuestro entorno en el ecosistema en una cadena atada eslabón a eslabón en la preciosa obra de un Ser Creador.

Lluvia eres hermana, eres evento natural imprescindible, eres luminosa virtud, eres niebla en la madrugada, eres calma para el sediento, elemento vital cristalino, pureza en tu origen, vida siempre vida.

Amo la lluvia de invierno, amo las hojas secas al borde del camino que la lluvia convierte en tierra, amo las nubes huidizas, amo el viento, el trueno, relámpago y copos de nieve, amo el sendero serpenteante de los ríos o el viaje pausado del estero, amo el invierno porque es invierno y así debe ser.

Esperaré que las nieves eternas sean resguardo de agua para la estación de verano y que el calentamiento global no nos agreda violentamente, de nosotros depende, de cada hombre y mujer, cuidemos el agua. Disfrutemos con placer la lluvia que riega en invierno, es un caudal que atesoramos para el futuro.

Lluvia de invierno bendita seas, no nos desampares, no te olvides de nosotros, te aguardamos con ansia absoluta y siempre eres bienvenida.

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