Semana Santa: La sonrisa de un niño

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Este es un tiempo de entrega por el otro, nuestro prójimo, el que está a nuestro lado, el vecino, sin importar su condición social, propuesta política, raza o nacionalidad, estar dispuesto a amar hasta el extremo, de, si es necesario, dar la propia vida para defender al que sufre o al lastimado.


El mundo cristiano celebra la Semana Santa. Recordamos la muerte y Resurrección de Cristo Jesús el Mesías y Salvador de la humanidad. Vivimos el misterio más importante de la existencia humana, la Resurrección: Volver a la vida después de la muerte, en el paraíso de Dios, una existencia eterna, plena de felicidad, paz, armonía y amor, sin las necesidades cotidianas de nuestro mundo concreto y real aquí en la tierra, pero para alcanzar tal dimensión debemos procurar llevar una vida santa y de acuerdo a las enseñanzas de la fe cristiana funda por Jesús.

Este es un tiempo de entrega por el otro, nuestro prójimo, el que está a nuestro lado, el vecino, sin importar su condición social, propuesta política, raza o nacionalidad, estar dispuesto a amar hasta el extremo, de, si es necesario, dar la propia vida para defender al que sufre o al lastimado.

Entonces, me hace sentido, la sonrisa de un niño. Aquel habitante desprotegido que comienza su existencia al calor de una madre y su familia, aquel, que no codicia, ni cuestiona el accionar del otro, aquel que comienza a caminar, pronuncia sus primeras palabras y dirige su aprendizaje gracias al ejemplo de sus mayores. Más aún, existen muchos niños en el mundo que no pueden sonreír por falta de amor, necesidades básicas de alimento y condiciones sociales desprotegidas.

En esta Semana Santa de misericordia, solidaridad y encuentro con el hermano, me preocupa dar lugar a la sonrisa de un niño, ellos se merecen nuestra ayuda y acompañamiento para enfrentar las dificultades propias del mundo moderno y más aún, defenderlo del desprecio de que son víctima, en ocasiones, muchos de ellos. Pensemos en los niños que deben enfrentar la guerra, la falta de alimento, el flagelo de las drogas, el alcoholismo, la prostitución y tantos males que engendra nuestra Aldea Global.

Que nuestra oración sea dirigida al padre por cada uno de nuestros niños, quienes son la generación de recambio para esta humanidad, usar la pedagogía de Cristo que se valida en el amor por su discípulo, en el encuentro cotidiano con el que sufre, en la redención y salvación del espíritu.

Que vivamos esta Semana santa, como un tiempo especial y particular, donde cada creyente practique la caridad cristiana y nos propongamos dirigir nuestro mundo hacia la redención.

Cristo resucita en el minusválido, en el desprotegido, en el desamparado, en el que sufre para acompañarlos con una palabra de aliento ante el consuelo y la mitigación del dolor. Si a nuestro Señor Jesús lo alcanza la tortura y la muerte sin piedad, que esperaremos nosotros simples mortales, por tal, debemos practicar la piedad y las obras de caridad para recibir las bendiciones que provienen del alto cielo.

Vivamos una Semana Santa donando alegría al que está sumido en la tristeza y el desamor, dibujemos sonrisas en los rostros de niños desamparados, no hay mejor recompensa que la sonrisa de un niño.

Estimados amigos cristiano y también aquellos que no lo son, dediquemos en esta semana parte de nuestro tiempo para la oración, pero también la práctica de las obras de caridad, sólo así procuraremos la emoción de un espíritu santificado en la resurrección del Señor Jesús. Él nos enseñó, nos dejó un mandamiento nuevo: Amar al prójimo como así mismo, por lo cual debemos atender el llamado de Jesús y buscar la salvación en el espíritu de un niño.

Modestamente, requiero buscar la sonrisa angelical de un niño y disfrutar, en él, la maravilla de la resurrección en un mundo futuro alejado de las miserias de nuestro paso fugaz por este planeta tierra.

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