OTOÑO: TIEMPO DE REFLEXIÓN

En la inmensidad del universo somos sólo un pequeño suspiro de existencia, una ráfaga impenitente, un accidente en lo absoluto del todo, una oportunidad de vida limitada y breve…

Es otoño en el sur más extremo del mundo, las hojas de los árboles comienzan a caer sutiles sobre la tierra para ser parte del proceso sistemático de las estaciones del año, el día se acorta como pidiendo a la luna que guie una noche serena en quietud y calma, las últimas rosas florecen y las aves buscan cobijo para protegerse del viento que anuncia ráfagas, entonces, el hombre humano mortal, adormilado al calor de la estufa, busca, en pensamientos escurridizos, motivos para continuar viviendo. La mano tersa del infante acaricia su rostro, el letargo nos transporta a espacios imaginarios más allá del mundo real de nuestro mundo. En ocasiones, dejamos vagar el pensamiento en rumbo hacia lugares recónditos más allá del espacio real y concreto, elegimos morada en el cielo infinito, dudamos de la vida pues parece que la muerte está a sólo un paso y por tal, es necesario un descanso reparador y motivos fundamentales para vivir la vida.

En la inmensidad del universo somos sólo un pequeño suspiro de existencia, una ráfaga impenitente, un accidente en lo absoluto del todo, una oportunidad de vida limitada y breve, sobre todo, cuando apreciamos al longevo alerce, a la araucaria o al olivo; por tal, dejar un pequeño legado, obras que inspiren admiración o juegos entretenidos en la convivencia social, trascenderá nuestra existencia, seremos parte de la historia que se escribe a cada instante por todas partes.

Es otoño y nuestros sentimientos parecen ofrecer imaginación e inventiva en un mundo creado para la vida, para ser parte de una sociedad organizada en estructuras lógicas, de razón y entendimiento, en afecto y sentimientos de amor, paz y armonía; debemos conciliar el encuentro, valorar al semejante, escuchar sus argumentos y preparar la partida, pues somos pasajeros errantes en un planeta particular.

Si escucho el rumor de la noche, si me enfrento a cataclismos que devastan la ciudad, si todo parece perdido y la esperanza está exiliada, deberemos construir nuevos lazos, armar teorías factibles y posibilidades infinitas como límite del universo. La noche me invita al relajo, a proponer nuevas hipótesis que a su vez dan origen a nuevas teorías, escuchar la armonía del todo en su perfección casi absoluta: Cómo navegan los planetas por el espacio, cómo el día y la noche se ciernen sobre la tierra, la lluvia lava cada territorio y el sol germina la semilla; así, este mundo subsiste y sobrevive ante la hecatombe que amenaza cada cierto tiempo.

Vendrá la historia a escribir los hechos, dejaremos legado y fortuna, escucharemos el rumor del futuro incierto y construiremos nuevos utensilios, la ciencia nos sorprenderá a cada rato, vendrá la armonía vestida de domingo a sembrar la paz sobre cada territorio.

Estarán las frutas maduras sobre la mesa, fotografías esconderán momentos preciosos, los delfines navegarán los siete mares y el aire nos regalará la vida. Somos una especie en constante evolución y queremos dominar el orbe, aquel espacio más allá de lo conocido donde habitan seres preciosos al lado de Dios.

Escucha el latido de tu propio corazón, se honesto en tus palabras, investiga el por qué de los acontecimientos, propone resolución a los problemas y conflictos, permite que los niños jueguen a ser adultos y que el amor gobierne la galaxia. Vendrá un tiempo nuevo cuando se apaguen las sombras y la caridad será un valor supremo, miraremos alrededor cuando la plenitud alcance a nuestra aldea y aguardaremos quietud y calma ante la adversidad.

Es tiempo de buscar el santo equilibrio en nuestro universo, abandonar la desidia y el mal humor, las noches de otoño invitan a construir cuento plagados de amor; no hay noche tan oscura que niegue la luz del padre sol.