Una mirada proactiva del tiempo por venir

Cuánta falta nos hace la armonía, paz y quietud, cuánto podemos hacer para construir una mejor comunidad, de qué manera procurar el encuentro.


Es común visualizar que, hoy por hoy, la violencia, ira y descontrol se anidan en el corazón humano, aguardamos bienestar para nuestra existencia, éxito y felicidad en el próximo tiempo, pero, a menudo, aquellas expectativas se ven frustradas ante la cruel realidad de nuestro mundo contemporáneo cuando el universo parece hacer trizas la sana convivencia y los valores fundamentales. Cuánta falta nos hace la armonía, paz y quietud, cuánto podemos hacer para construir una mejor comunidad, de qué manera procurar el encuentro, aquel debate productivo para generar acuerdos y propuestas de bien en el diálogo y la comunicación, en el desprendernos de la odiosidad, aceptar al otro tal y cuál es, escuchar sus necesidades, alcanzar entendimiento, visualizar un mundo mejor en la incertidumbre del tiempo futuro, proclamar el amor como remedio infalible ante la desazón que invade cada rincón del planeta.

El mal no descansa en este mundo moderno, a cada instante, el hombre agrede a otros hombres, el pecado y la falta se validan como forma de ser y hacer, estamos ligados al desenfreno, agredimos, si motivo, a quien habita a nuestro alrededor, somos seres nefastos para el medio ambiente, contaminamos sin restricción, atentamos contra la tierra en cada acción cotidiana, nos alejamos del bien y la concordia, proclamamos el advenimiento del caos, practicamos el mal como como conducta valedera, somos individualistas y materialistas en una sociedad en continua competencia donde el dinero valida cada acción y nos permitimos acumular riqueza sin límite posible.

Si observamos a nuestro alrededor con la mirada de quien propone cuestionar el mundo real en que vivimos, quien se preocupa de proponer nuevas soluciones a los problemas que manifiesta la realidad circundante alrededor de nuestro asiento físico sobre el planeta tierra, diseñar nuevas y variadas teorías que pueden ser contrastadas en el ambiente real y concreto donde habitamos, podremos aliviar el dolor y la fatiga de aquellos que se dirigen buscando un mejor destino y un futuro pleno de bienestar y emoción, podremos arribar a la felicidad plena y a la libertad en cada uno de nuestros actos. Queremos ser parte integral de la convivencia social, queremos alcanzar la plenitud, dibujar palabras cantarinas en versos de luz que iluminen el diálogo y la concordia, queremos arribar a un paraíso cargado de paz y concordia, un lugar de descanso y relajo donde la ira y violencia sean erradicados y disfrutemos de la alegría permanente y absoluta para siempre.

Podremos construir una sociedad equitativa, equilibrada y en comunión total? Podremos defender la vida por sobre cualquier otra conducta social? Será posible validar la santidad como motivo trascendente de la especie humana, cohabitar en armonía con los seres de la creación, disfrutar del medio social y cultural en paz, equilibrio y comunión, abandonar el desprecio, la codicia y la lujuria, recibir la bendición del alto cielo y aspirar a una redención después de la muerte terrenal para habitar en la patria celestial del cielo donde no hay necesidades y todo es amor, calma y quietud. Allí, el hombre logra plenitud, cumplimos las metas y propósitos, escuchamos una melodía de cielo, notas prístinas que convocan y reúnen para alcanzar equilibrio y paz ante las dificultades del mundo moderno que nos exponen a sentimientos de desazón y frustración.

Si proyectamos nuestro futuro hacia tiempos mejores de éxito y plenitud, si ayudamos a definir la convivencia en sociedad como una oportunidad de encuentro para bien de todos sin excepción, si respetamos al otro no importando su condición social, política, económica y religiosa, si nos permitimos el respeto por nuestros semejantes, si nuestro discurso no agrede ni ofende, de seguro, podremos ir por la vida derramando alegría y felicidad y sembraremos semillas de redención para una sociedad que colapsa ante el mal y la violencia desatada.

Estoy seguro que vendrán días felices, que viviremos el amor como sentido prioritario de nuestra existencia y que al final de los tiempos, la concordia en armonía será nuestro estandarte y bandera de lucha.

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