Sol y luna sobre nuestro planeta

A este ritmo de contaminación y emisiones de gases tóxicos, la vida en la aldea global se ve seriamente comprometida, hoy, dependemos de las decisiones que asuman nuestros líderes políticos y también de la responsabilidad de cada habitante del planeta.


Una esfera de luz cruza el espacio, alimenta la tierra con su vital energía, a veces, sólo notamos su presencia, pero no damos virtud a su real y crucial importancia. El sol es fuente primaria de vida para el reino animal, vegetal y mineral, son múltiples las transformaciones químicas que se producen gracias a su poder inimaginable. Se dice que el sol alumbra para todos sin distinción, pero la convivencia humana propone distinciones ante la condición vital de cada quien, todos no somos iguales, dependemos de un estrato social, de nuestro capital cultural, del nivel de educación y tantas otras condicionantes que determinan nuestro existir.

El sol es fuente primordial de vida, nos acompaña cada día, no pierde su órbita, determina el día de la noche, nos alumbra el camino. Germina la semilla, alimenta a los vegetales que luego serán alimento, condiciona las estaciones del año, dependiendo de su distancia y posición en la vía láctea, nuestro padre sol amanece cada día para brindarnos la más sutil compañía. El sol propone un estado vital que no se produce en otros lugares del universo conocido por el hombre, amanece cada día frente a mi ventana y nos invita al desafío de la existencia.

Cuando el hombre, producto del calentamiento global genera gases de efecto invernadero y la radiación condena a nuestra aldea global a un estado de crisis que sea irreversible, quizás tomemos conciencia de la responsabilidad que cada uno debe asumir en este estado de situación a que nos vemos enfrentados. A este ritmo de contaminación y emisiones de gases tóxicos, la vida en la aldea global se ve seriamente comprometida, hoy, dependemos de las decisiones que asuman nuestros líderes políticos y también de la responsabilidad de cada habitante del planeta.

Mientras los rayos del sol se despeinan al amanecer sobre mi cordillera blanca hacia el este de mi ciudad, al otro lado del mundo, comienzan la noche, cuando las estrellas adornan la inmensidad total y absoluta. Este continuo ir y venir de la noche al día y viceversa, sin error ni equívoco, nos sitúa ante las más grandes maravillas de nuestro universo conocido. Estamos conscientes que sin la luz del día la vida no florece sobre este planeta y sin el descanso al cual invita la oscuridad tampoco podríamos sustentar la existencia de la vida en la aldea global, entonces, es perentorio cuidar y resguardar este divino equilibrio manifiesto por una mente maestra que habita más allá de este mundo real y concreto.

Dicen, el sol persigue, enamorado, a la luna esquiva, nos demuestra su poder absoluto, cargado de energía, hirviendo a miles de grados y lanzado energía hacia todos los puntos de la vía láctea. Estoy seguro que quisiéramos heredar a nuestros hijos y nietos un planeta habitable, sustentado en la materia cósmica que nos reúne como seres vivientes, capaces de transformar el universo, facilitar un planeta sustentable, continuar con la cadena de la evolución, germinar vegetales que pueden ser nuestro alimento, construir un mejor planeta, en el cual la tecnología y la ciencia realizan un aporte crucial para optimizar el desarrollo, abandonando la desidia y la falta de respeto sobre nuestra nave viajera por el infinito.

Cuanto amo al sol, cuanto añoro la vida por sobre la muerte, cuanto declaro mis pensamientos para que otros puedan tomar sus propias convicciones y teorías, para que la humanidad valore todo aquello dado en gracia para nuestra propia evolución.

Si esperamos una convivencia en equilibrio entre los seres habitantes de este planeta, debemos proteger aquello que nos permite la vida y el Padre Sol es uno de ellos, aquella estrella majestuosa que prodiga energía por todos los rincones de nuestro planeta único y exclusivo.

Vendrán las nuevas generaciones a poblar la tierra, cada territorio irá cambiando como siempre lo hace, los países modificarán sus fronteras, los gobiernos se sucederán unos tras otros, la ciencia descubrirá soluciones impensadas para los problemas complejos o los cuestionamientos cotidianos de la existencia terrestre y de seguro y lo más probable nuestro sol estará allí alumbrando nuestro camino y sendero, obsequiando su vital energía. Demos gracias al cielo ante tal maravilla.

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