Siglo XXI: Elegir el camino de la vida

Es sano y saludable construir un plan de vida, proyectos y acciones de futuro, planificar el destino que se nos aparece, a cada instante, sin la certeza del porvenir.

En ocasiones, habitamos este mundo sin destino cierto y sendero seguro, dudamos ante la realidad que nos corresponde vivir, enfrentamos el futuro como algo incierto, poco probable e inseguro, tememos al porvenir, nuestros anhelos y deseos se limitan, descubrimos el miedo y la desazón, existimos parapetados ante la muerte que cuestiona el acierto; entonces, es sano y saludable construir un plan de vida, proyectos y acciones de futuro, planificar el destino que se nos aparece, a cada instante, sin la certeza del porvenir.

La humanidad depende su futuro de aquello que hacemos hoy. Nuestro hogar, esta aldea global, que se moviliza atenta a los cambios tecnológicos, técnicos y del conocimiento, sufre ante el daño ambiental provocado por el ser humano, añora asumir consciencia sobre la crisis global que se avecina y proponer estrategias de posible solución, por tal, disipar la incertidumbre del qué vendrá es tarea obligada y absolutamente necesaria.

Ofrezcamos a la nuevas generaciones oportunidades de vida, eduquemos en el amor y el afecto, procuremos, el horizonte por venir, como opción válida de futuro, la humanidad sobre el planeta tierra habita en relación con el medio natural en el que convivimos, somos seres pasajeros en busca de un destino, nos aferramos a la vida, pero la muerte aguarda a un lado del camino.

Mientras el agua es un bien preciado, el alimento una necesidad imperiosa para miles y millones de seres humanos, el aire, una posibilidad de vida abundante, la tierra madre y maestra, el cielo nuestro destino inmaterial y la resurrección el sentido, fundamental, de esta especie inteligente, entonces, la incertidumbre se hará propuesta de futuro, asignaremos valor a la vida y sabremos qué hacer y cuándo actuar.

En nuestras manos se fragua aquello que anhelamos, cada pequeño deseo puede alcanzar valor supremo y superior, habitamos en comunidad, por tal, dependemos de los otros para construir cada plan de vida personal, debemos compartir, aprender de quien tiene experiencia, no doblegarse ante la necesidad, el abandono y la tristeza, ser asertivo, crítico y cuestionador, proponer teorías y conclusiones válidas, escuchar el ruido de la naturaleza alrededor, admirar la creación de Dios tan perfecta, en equilibrio absoluto y que el hombre, por soberbia, altanería y complacencia, agrede sin control.

Vendrán tiempos mejores, vendrá el hombre vestido de etiqueta a levantar la copa del bien común, defenderemos la vida en todas sus formas sobre la faz de la tierra, vendrá la luz a ocultar la oscuridad, vendrá la paz y el encuentro, vendrá la sonrisa de un niño a iluminar el hogar, vendrá la música perfecta del universo a indicarnos el camino.

Si todos, sin excepción, luchamos por el mejor destino de la humanidad y este planeta, si buscamos el bien y la concordia, de seguro, alcanzaremos éxito en esta vida que nos correspondió vivir.

Toda acción del presente repercute en el futuro, pues entonces, sin miedo, construyamos el porvenir, ejecutemos bien y correctamente nuestro quehacer, el cual se suma a toda tarea del prójimo y juntos atendamos la obligación de heredar la tierra a quienes vienen tras nuestros pasos, aquellos que aún no nacen y solicitarán un lugar habitable y digno.

El hombre depredador, el ser capaz de destruir y agredir sin misericordia debe dar paso al equilibrio y la justa mesura, desprender, en un rayo de luz, armonía, disfrutar de las maravillas de un planeta especial que nos ofrece abrigo y cobija. El hombre, supuesto ser superior, debe dar sentido al hacer, al construir, negar la muerte para alcanzar la vida.

En este mundo convulsionado y en constante evolución, cuidemos nuestras palabras, ellas pueden herir al otro, hoy, cuando escuchamos en los medios de comunicación masivos la ofensa y la descalificación, la mentira y el engaño, creemos que esa es la forma de convivir, pero nada más alejado de la realidad, nuestro discurso debe procurar alcanzar la comunión, atender atento a quien me interpela desde la vereda del frente, pues podemos llegar a acuerdo y proponer nuevos desafíos.

Este siglo XXI debe ser oportunidad y desafío, armar lazos de encuentro en la diversidad, respetar al otro, dar oportunidad de aprendizaje a niños y jóvenes, luchar por la paz y el equilibrio, dar de lo nuestro al más necesitado, erradicar el hambre y la sed, sembrar ilusiones, dejar que la lluvia germine la tierra, que el pan alcancen nuestra mesa, que la buenaventura acompañe nuestro paso por esta tierra y podamos enfrentar el futuro en decisión y acierto.

Siglo XXI, época de cambio y transformación, una oportunidad real y concreta de enmendar el rumbo, elijamos un cambio de vida para lograr un futuro cargado de esplendor y éxito.

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