Ser honesto ante toda circunstancia: Valor fundamental

La honestidad debería dormir a nuestro lado, ser parte fundamental del quehacer cotidiano de nuestra existencia, es una virtud primordial, un valor irremplazable…

La honestidad debería dormir a nuestro lado, ser parte fundamental del quehacer cotidiano de nuestra existencia, es una virtud primordial, un valor irremplazable, una forma básica de vida, un acuerdo en comunión con otros, con aquellos que transitan a nuestro lado; un ejemplo para los menores,  ellos, los que siguen nuestros pasos en esta gran cadena eslabón a eslabón, unos y otros reunidos en convivencia comunitaria. 

Ser honesto significa validar la verdad, ser fiel a los buenos principios que dirigen el cotidiano hacer de nuestra vida, responder con sinceridad cualquier cuestionamiento del otro, no falsear la verdad ni por omisión, asumir, responsablemente, nuestras opiniones sin importar las consecuencias que puedan derivar de mi particular punto de vista.

Cuando uno mira el pasado, aquellos actos cotidianos y la manera de interrelacionarnos con el otro, nos damos cuenta, que en ocasiones, agredimos al semejante sin ningún tipo de misericordia; sobre todo, cuando no somos honestos ni veraces, cautos ni precavidos; todo ello se aprende en la experiencia que sólo regalan los años y nuestros contacto social permanente y constante, en la comunicación eficaz y el diálogo fluido, en las palabras atentas y el encuentro; más aún, cuando vivimos en pandemia y debemos procurar cuidar y resguardar al otro por lo que el distanciamiento social es una tarea obligatoria para todos y qué mejor: Ser honesto ante la particular realidad que nos corresponde vivir.

Para la especie humana siempre es posible mejorar y optimizar nuestras herramientas comunicativas y por sobre todo, validar la honestidad como valor supremo sin estar esperando recompensa por los buenos actos o la solidaridad con los semejantes; si la honestidad golpea a tu puerta déjala entrar, te aseguro que será un bien preciado y valioso, una oportunidad de mejor convivencia y una esperanza de mejor existencia humana sobre esta tierra que nos resguarda y protege en la tremenda inmensidad del universo cuando las leyes de la ciencia conocida determina aciertos y propuestas de investigación más allá del planeta tierra donde habitamos.

Somos parte de un proyecto mayor, pequeños aprendices escuchando la voz de los grandes maestros de la historia; quizá erráticos en la condición de seres imperfecto, en constante evolución y aprendizaje; pero con propio criterio, con personal empatía y dedicada responsabilidad; entonces, las tareas cotidianas del hombre común son pieza valiosa en el desarrollo humano como especie dotada de inteligencia, sabiduría y capaces de aprender en todo momento de la existencia.

Cuando se nos aparece la deshonestidad, no asignemos responsabilidad al otro de este descrédito, debemos asumir la propia responsabilidad, como así también, personalmente, atender a la obligación de practicar la honestidad en todo momento y circunstancia, sin justificación ni  engaño, las buenas obras siempre se validan en cuidado y delicadeza. Si todos valoramos una relación honesta, la sociedad en su conjunto crecerá y se desarrollará en virtud y armonía.

Asignemos valor fundamental a la honestidad ante toda circunstancia, el error del engaño destruye toda buena voluntad, anhelo una existencia equitativa y equilibrada, ser capaz de elegir el sendero del bien y estar atento a escuchar el rumor del diálogo directo en una relación veraz y honesta.

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