Prisioneros del presente cotidiano

Disfrutar el tiempo presente como un regalo del Alto Cielo, la dicha de la vida en el hacer de cada día cotidiano, enfrentar con coraje los problemas y dificultades, pues estos son prueba a nuestro temple y experiencias que se acumulan una tras otras. Quizá, la vida futura nos otorgue felicidad y éxito, pero nada está asegurado.


El ser humano transita por esta vida en la incertidumbre del tiempo por venir, no podemos asegurar nuestra permanencia en este planeta viajero por la galaxia, no podemos asegurar la ocurrencia de tal o cual acontecimiento, todo está codificado en el secreto del futuro incógnito, por tanto, podemos planear, planificar, organizar y proponer hipótesis de futuro que se comprueban o rechazan en el devenir del tiempo, pero no asegurar su ocurrencia.

Disfrutar el tiempo presente como un regalo del Alto Cielo, la dicha de la vida en el hacer de cada día cotidiano, enfrentar con coraje los problemas y dificultades, pues estos son prueba a nuestro temple y experiencias que se acumulan una tras otras. Quizá, la vida futura nos otorgue felicidad y éxito, pero nada está asegurado.

Entonces, reconocer las maravillas que nos ofrece la existencia terrestre debe ser un axioma fundamental, estamos aquí y ahora, cohabitamos en este mundo, aprendemos a diario cosas nuevas, nos dirigimos hacia un futuro incierto, pero que en el resguardo de planes, proyectos y programas, vamos armando un proyecto de vida.

Estamos prestados en este planeta, sabemos que la muerte nos sorprenderá con su manto funeral para conducirnos a una vida eterna en el Reino de Dios en el alto cielo donde seremos eternamente felices para siempre. No nos queda más que aguardar el final de nuestros días y en el intertanto, realizar buenas obras, caridad y solidaridad, respeto y honestidad, honradez y amor al prójimo para ir acumulando buenas acciones que rediman nuestras faltas y pecados, errores y equivocaciones.

Este mundo nos ofrece una oportunidad única de existir, vayamos, entonces, a ser felices con lo que nos toca vivir. Qué emoción nos produce el afecto de nuestros semejantes, la sonrisa de un niño, el cariño de una madre, la bondad del adulto mayor, la experiencia de quienes han vivido antes que nosotros, las maravillas que nos expone la ciencia descubriendo a cada instante nuevas soluciones para resolver los problemas y conflictos básicos de la sociedad, el desarrollo de la creatividad, la imaginación, la facultad para aprender, la memoria, personal y colectiva, destrezas, habilidades y talentos.

Quizá, el ser humano, no descubre las cosas simples de esta existencia, cuando aparecen los rayos de sol después del frío en la mañana, cuando bebemos un vaso de agua que fortalece nuestro cuerpo, el sublime aprendizaje del idioma que nos permite comunicarnos, escuchar el ruego del que sufre, mitigar el dolor del enfermo, comprender al encarcelado, guiar a las nuevas generaciones por el sendero del amor y la bondad, proteger a nuestros adultos mayores, escuchar a quien se apremia por los conflictos y dificultades de la vida comunitaria, elevar una oración a Dios Padre, recibir sentimientos de buena ventura y felicidad. Este mundo nos requiere y aprecia, somos piezas en una cadena interminable, eslabón en la serie secuencial de unos después de otros.

Mañana, tendrá otro color la vida, las circunstancias del hacer varían a cada recodo del camino, el ser profundo del ser humano es incomprensible (cabalmente) estar dotados de espíritu es una discusión teologal, admirar la resurrección como un premio por nuestro buen actuar es un acto de Fe profundo y sublime.

Estar atentos a cada acontecimiento de nuestra existencia es una tarea y obligación, cada día es distinto, cada día nos enfrentamos a nuevos desafíos, debemos construir el presente sobre la base de esfuerzo, dedicación y empeño, interactuar con otros en sana convivencia.

No podemos alterar nuestro futuro, pero sí liberar el presente según cada acción de vida, articular las variables del juego de la existencia de tal modo que nos colme de éxito y felicidad.

Pongamos atención a los eventos de cada día, supliquemos redención y seamos cautos al momento de elegir tal o cuál alternativa, pues ella nos conduce hacia una nueva encrucijada.

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