En la circunstancia, del normal advenimiento de nuestra convivencia social no importa lo que parecemos; sino, más bien, lo que somos…

No importa la camisa que vistes o el carro que manejas, no importa tu nivel de escolaridad, no importa el lugar en que naciste, no importa el color de ojos o el dinero acumulado en tu cuenta corriente, sólo importa el hombre o mujer real y concreto, aquel que convive en comunidad para construir una mejor sociedad, aquel que labora en constancia realizando, correctamente, su faena sin frustración.

    En la memoria, guardamos cada aprendizaje realizado en la interacción con el otro, siempre y constantemente. Durante toda su existencia, el ser humano se permite aprender y esta acción nos da característica exclusiva de ser superior por sobre todos aquellos seres vivos que conforman el reino animal; por tal, debemos proponer el cuidado de nuestra aldea global, resguardar y proteger este planeta que es nuestro hogar.

    En la circunstancia, del normal advenimiento de nuestra convivencia social no importa lo que parecemos; sino, más bien, lo que somos, aquello que se resguarda seguro en el ser profundo de nuestra condición humana, por tanto acumular cosas o riquezas no tiene sentido, pues nada de lo que se posee en esta tierra será transportado a la existencia después de la muerte; por lo cual, es sano, practicar la humildad al vestir o ante cualquier otra acción cotidiana. No soy lo que me pongo… sino aquellas características personales que construyen al ser humano, no soy un número más en las encuestas, no soy despreciable en la pobreza, ni vagabundo sin rumbo ni meta. Soy el hombre y la mujer del nuevo siglo que reclama, el mendigo abandonado a su suerte sin poder ver el progreso y el desarrollo económico de nuestro universo, una pieza fundamental en los cimientos de la rutina en convivencia; somos una pequeña partícula de energía depositada en un cuerpo físico que puede transmutar a espacios desconocidos.

    Es sano practicar el respeto por aquel más desvalido, dar oportunidad de desarrollo y crecimiento personal a todo ser humano sin distinción, no importa el nivel social al cual perteneces, debemos estar delimitados, solamente, por la condición humana como especie que habita un planeta particular en el inmenso universo.

    La no discriminación y el respeto por el otro sin importar su condición social, moral, religiosa o política debe ser una constante; sobre todo, para aquellos que detentan el poder o que disfrutan de los beneficios de la economía, nacimos bajo el signo de la libertad e igualdad ante la ley y esto debe hacerse una costumbre inviolable… Nos importan los marginados y desvalidos, entre todos construimos sociedad.

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