En nuestro tiempo moderno, se requiere revalidar la lealtad, defender la palabra empeñada, ser honesto con el otro y mientras, me apego a la confianza en mi próximo pues sé que aquel no me defraudará

Desde tiempos antiguos, el respeto a la lealtad ha sido un valor supremo que acompaña la comunión con otros depositando toda nuestra confianza en alguien que convive a mi lado: Acuerdo durante la guerra o la paz entre las naciones, palabra asumida en un estrecho de mano con el otro, compromiso inquebrantable.

En nuestro tiempo moderno, se requiere revalidar la lealtad, defender la palabra empeñada, ser honesto con el otro y mientras, me apego a la confianza en mi próximo pues sé que aquel no me defraudará; el engaño y la mentira no será una conducta válida y así, no erradicaremos la falta de lealtad y fidelidad ante nuestros semejantes; más aún, damos oportunidad para el descrédito personal se convierta en una crítica agria y virulenta.

En la historia de la humanidad, hemos vivido tremendas acciones de deslealtad que han perjudicado la natural evolución de la convivencia armónica en las sociedades en las cuales nos encontramos, mentir y engañar es ser desleal, sumar sólo una parte de la verdad es también un engaño y por tal: Se es leal o no se es, no existen puntos intermedios, por tal es un valor supremo que debe ser validado por el ser humano para conseguir una sana convivencia en nuestra aldea global.

La desconfianza se apodera de nuestra existencia cotidiana, convivimos en el temor del perjurio o la felonía; hablar mal del otro descalifica a mi interlocutor; más aún, inventar descrédito del otro atenta contra nuestra libertad asumida como genuina condición valórica.

La traición es un antivalor que nos agrede en la modernidad del advenimiento del siglo XXI; el cual, está definiendo su estructura orgánica y cuáles serán los senderos por los cuales transitará nuestra especie en el tiempo futuro.

La rebeldía nos conduce a nuevos eventos en la convivencia social, pero así mismo, debemos ser cautos, pues el cambio es propio de la evolución del pensamiento humano y debemos estar dispuestos a enfrentar renovadas realidades que se suman, unas tras otras, para proponer estadios futuros.

Creo propicio el momento político que vive nuestra nación para demostrar lealtad a nuestros principios más básicos de democracia; pero, así mismo, validar nuevas estructura y entender que, entre todos, debemos resguardar el país que nos cobija, mirar el futuro bajo el prisma de la fidelidad ante la palabra empeñada, que el decir sea propio de la sinceridad en nuestro discurso, debemos resguardar la veracidad y legalidad de cada una de nuestras acciones y declaraciones, frente a frente, tengo un adversario político, pero no un enemigo al cual desprestigiar. Qué, vivamos esta histórica elección de autoridades al amparo de la fidelidad y la lealtad…

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