Humanizar la convivencia humana en el tiempo contemporáneo

Parafraseando a Cristo Jesús: No veas la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el propio.

Cualquier ser humano tiene conductas y actuaciones diversas: por lo general, miramos al otro en error y equivocación sin mirarnos así mismos y nuestros defectos, como si nuestro semejante tuviese la culpa de aquellas propias falencias sin acusar que el fallo o equívoco es una conducta propia. Parafraseando a Cristo Jesús: No veas la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el propio. Seamos honestos, asumamos nuestras responsabilidades, seamos cautos y precavidos, siempre es posible mejorar la propia actuación, siempre es posible dejar pendiente una variable de duda ante la ignorancia, replantearse la propia conducta, estar disponibles ante la realidad que nos rodea.

No todos somos iguales, vivimos la diversidad por múltiples factores: Religiosos, políticos, económicos y sociales, entre otros; escuchamos alrededor aquellos más cercanos, la familia en primer lugar y todo el entramado social que nos cobija; pero, hoy en día, aquellas conductas ya validadas han sufrido un cambio y transformación vertiginosa a propósito de la tremenda pandemia que nos ataca este 2020 y de seguro, deberemos replantear diversas actuaciones cotidianas. Nada sigue igual, y por tal, deberemos ocupar todas nuestras capacidades para enfrentar la revolución global del mundo conocido.

A mi entender, siempre deberemos estar pendientes de los más necesitado y desvalidos, de aquellos que viajan a la deriva sin norte propio producto de la tremenda segregación social que presenta nuestra sociedad, cuando falta agua para beber, cuando no hay baños, cuando la medidas de mitigación de la pandemia no se pueden cumplir porque no se dispone de una mascarilla o más aún, a una atención prioritaria al momento de contagiarse con el coronavirus, a quienes les falta alimento y las condiciones mínimas para la sobrevivencia; entonces, el foco primordial debe estar dirigido a atender a los más necesitados.

La vocación  humana debiera estar dirigida al servicio al otro, a desplegar nuestras habilidades para interactuar con el semejante en una sana convivencia en comunidad, a ser solidarios y caritativos, demostrar el amor al prójimo, constante y  permanentemente, a validar los valores primordiales de una sociedad que requiere humanizar la convivencia en el mirarse a los ojos, pues allí, existe el fondo vital de la existencia humana, se depositan las brillantes virtudes de esta especie viajera por el universo; el hombre amo y señor de la naturaleza; por lo cual, este mismo ha debido resguardarse ante un futuro incierto. Disfrutemos la magia de existir en familia o en cualquier núcleo social básico, pues, desde el momento de nacer, estamos diseñado para interrelacionarnos unos con otros, para compartir, para traspasar conocimiento y sabiduría, ciencia y magia, un horizonte abierto de infinitas posibilidades, más aún cuando el aquí y ahora es perentorio y se nos encuentra a la vuelta de la esquina.

Ya nada será igual, deberemos actualizar nuestra información de referencia, se deberán establecer diseños de trazabilidad de nuestro cotidiano habitar en la ciudad y el campo, desaparecerá el anonimato de cada uno en las bases de datos de diferentes entidades públicas y privadas, deberemos compartir nuestra existencia en la red global de comunicaciones, ser un número más en la estadística global de totalidad.

Entonces, humanizar la convivencia humana en el tiempo contemporáneo es una tarea y obligación inmediata. Cada quien deberá compartir con el otro desde el distanciamiento social y resguardar y proteger el contacto físico cercano para cuando la pandemia amaine y nos veamos enfrentados a una realidad distinta, dispersa y compleja. 

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