Descubrir, que, a cada paso, logramos construir una Comuna más amable, más cariñosa, más atenta a las dificultades y problemas del mundo moderno, donde todos somos pieza y eslabón angular, sin descalificar al otro, pues, quizá, puede tener razón.


Un rayo de sol desciende por entre las hojas marchitas del parrón, es otoño en esta parte del mundo, sobre todo aquí, en Retiro, mi cuna y mi casa, mi templo y escuela. Doy gracias al alto cielo por la ventura recibida: Aprender, cada día, algo nuevo, convivir en una comunidad donde todos nos conocemos, alejados del bullicio de la gran ciudad, de la falta tiempo para entablar una conversación amena, de recibir el saludo cariñoso de nuestros vecinos, de entender el mundo como un lugar apacible para disfrutar de la compañía del otro, de despertar entre el trinar de las aves y el verde del campo fértil. Trabajar con niños y jóvenes, que en muchos casos, son hijos del amigo de la infancia, conocido del vendedor de la esquina, dedicar mi mejor empeño en la palabra escrita o en mi voz como comunicador para estar presente en el desarrollo y crecimiento de mi amada Rinconada del Buen Retiro.

Descubrir, que, a cada paso, logramos construir una Comuna más amable, más cariñosa, más atenta a las dificultades y problemas del mundo moderno, donde todos somos pieza y eslabón angular, sin descalificar al otro, pues, quizá, puede tener razón.

La vida y la muerte juegan con nuestros sentidos, de pronto, de improviso, nos cuentan del fallecimiento de una amiga, una apasionada de las letras quien tuvo que lidiar con el dolor trágico de la enfermedad y que, hoy, descansa en la paz y quietud después de la muerte. Carmen, a quien recuerdo desde esta tribuna y acompaño a todos quienes le sobreviven. Por esas cosas de la vida, me vine a enterar demasiado tarde para estar presente en la despedida, cuando comenzó su viaje definitivo, pero puedo dedicar mi pluma a estas limitadas palabras.

Así también, la semana pasada, como comunidad Educativa del Liceo de Retiro, sufrimos la partida del padre de la señora Mireya Larenas, esposa del asistente de la educación Don Pedro Rivas, que en paz descanse. Hoy me entero del fallecimiento de un familiar de un sobrino, a quien no conocí, pero, puedo interpretar su dolor y tragedia, vaya también mi saludo y palabras de aliento.

Entonces, la muerte y la vida juguetean a nuestro alrededor sin descanso y debemos estar preparados para su visita, un recién nacido que bendice una familia o el ser querido que nos deja en un viaje sin regreso. Aquí en Retiro, ambos son señal y muestra del poder Divino de la Creación y nos hermanan en cada recodo del camino.

Por tal, ser habitante de Retiro, me emociona y enorgullece, aquí, respiramos el aire puro del campo, el agua cristalina de los manantiales, la tierra fértil que germina la semilla, una cordillera majestuosa y el tiempo libre de ocio para disfrutar en familia. Es probable que este comentario suene idílico, paradisíaco, irreal, que apele a un pasado reciente o de largo plazo desconocido en el presente actual, pero podremos viajar a nuestras raíces, al tiempo fundacional del siglo pasado para rescatar las tradiciones y leyendas de antaño, para escribir la historia de una Comuna que se debate entre el desarrollo de la modernidad de las comunicaciones y la era digital y el apacible remanso del mundo campesino y rural.

Debemos ser nosotros, quienes hoy convivimos en el tiempo contemporáneo, los convocados y llamados a patentar nuestra identidad, a ir en rescate de la historia de nuestro pueblo, recordar a aquellos que fueron ícono y estandarte del pasado, quienes ya no están y educar a las nuevas generaciones en el apego a la tierra que les vio nacer.

De seguro, en el futuro, vendrán otros a reemplazarnos, pero mientras aquello ocurre, no debemos negar la palabra cantarina, negar nuestra tarea y obligación, ser parte de la historia que nos correspondió vivir.

Me alegra este instante de vida, la sonrisa de un niño recién nacido, me emociona la partida de alguien cercano y aquel a quien no conocí, me apetece una taza de café en la mesa compartida, el aroma de las castañas y el perfume del bosque, una sonrisa en el saludo amigable, el sutil sobrevuelo de las garzas, el coro perfecto del canto del gallo en la madrugada y el equilibrio perfecto del jinete sobre su cabalgadura. Aquí, en Retiro del límite sur, es posible, es posible…

Mañana, volverá el rayito de sol a despuntar entre las nubes después de la noche oscura, mañana, cada quien, volverá a su faena, si es que la vida se lo permite y esta Aldea Global continúa su curso por la galaxia. Retiro despertará como en cualquier parte del mundo y seguiré siendo feliz en mi tierra y con mi gente, sólo basta, un hasta entonces…

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