La muerte puede presentarse ante nosotros con distintos disfraces, vestida de calma en el ocasos de la existencia de la gente mayor, de dolorosa enfermedad envolviendo en su manto a niños, jóvenes, adultos o ancianos por igual, de fatal tragedia en episodios repentinos caóticos en episodios repentinos, caóticos e inesperados.


Es el viaje más seguro que tenemos desde que empezamos nuestra trayectoria por este mundo, se trata de la elevación espiritual de nuestra alma hacia el encuentro con lo sagrado que representa el encuentro con el padre celestial. El fin de una vida significa para todo ser el descanso y la paz infinita, sin embargo este hecho también supone sentimientos de dolor y vacío para los familiares que sufren la perdida, aquella sensación de desamparo y de saber perdido el ser amado con la certeza de que jamás volverán a cruzar sus caminos en esta vida.

La muerte puede presentarse ante nosotros con distintos disfraces, vestida de calma en el ocasos de la existencia de la gente mayor, de dolorosa enfermedad envolviendo en su manto a niños, jóvenes, adultos o ancianos por igual, de fatal tragedia en episodios repentinos caóticos en episodios repentinos, caóticos e inesperados. No se hace posible luchar contra nuestro propio destino ni evitar nuestro desenlace fina, donde quiera que nos encontremos y sea lo que sea que hagamos será imposible huir del manto sobrecogedor de la muerte, que sella nuestro destino y cumple así con el ciclo vital por lo menos de nuestra corporalidad o materia.

Todos tememos a la muerte en algún momento quizás porque encierra algo desconocido, o por el temor que provoca el hecho de abandonar a nuestros seres queridos o todo cuanto hemos amado y por lo que tanto luchamos a lo largo del sendero de nuestra existencia, mas es lo único certero que tenemos y debemos aceptarlo como un designio de nuestro padre celestial para poder encontrarnos con él en un plano más elevado, espiritual y sagrado.

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