El tiempo nuevo nos sorprende

Estamos diseñados para vivir en contacto con el otro y no para el distanciamiento social, pero hoy, producto de la pandemia del Covid-19 debemos obviar este sacro encuentro por amor al otro.

En el último tiempo, hemos asistido a un cambio radical y absoluto de la sociedad como le conocíamos, las relaciones sociales y el contacto con los otros se han modificado, estamos digitalizando la vida, armamos la convivencia social a través de redes de comunicación remota, queremos abrazarnos, pero debemos posponerlo, pues el cuidado del otro es más importante, quizás en un tiempo futuro podremos volver a encontrarnos en la calidez del otro, mi cercano, mi vecino, mi prójimo. Estamos diseñados para vivir en contacto con el otro y no para el distanciamiento social, pero hoy, producto de la pandemia del Covid-19 debemos obviar este sacro encuentro por amor al otro, no todos podemos abrazarnos. Cuidémonos unos a otros y tratemos de entender esta nueva realidad a la cual asistimos sin experiencia, en un dos por tres, de improviso, una nueva manera de establecer comunicación con el semejante.

Hemos asistido a una revolución absoluta, el siglo XXI se nos apareció sin previo aviso, nos vino a informar que el ser humano es frágil y delicado, que dependemos de un sin fin de condiciones para la subsistencia, que habitamos en un ecosistema interdependiente, que la humanidad ha creado un mundo digital que invadió toda relación entre seres de la misma especie, que guardamos miles y millones de archivos de información vital para la convivencia, que es necesario aprender a comunicarse en todas las plataformas, ser parte de la noticia, no sólo receptores, sino también, emisores en formato escrito o imagen, una era del conocimiento y la tecnología, que debemos resguardar las múltiples acciones vitales que señalan la presencia del todo en un planeta agredido por la contaminación humana y el mal cuidado del medio en nuestro planeta.

Todo cambia, señala el verso, todo cambia sin temor al error o desagravio, todo cambia sobre la faz del planeta, quizás no estamos preparados para asistir al cambio de era que se nos aparece frente a nuestro horizonte. Debemos protegernos unos a otros, temer ante el virus que se hace amo y señor del mundo conocido, que nos agrede sin misericordia, que estremece las bases constitutivas de nuestra sociedad, el coronavirus que nos mantiene en alerta y cuidado.

Asistimos a la revolución de las comunicaciones, al modo en que nos intercomunicamos unos con otros, a organizar nuestra vida social a través de señales remotas, a establecer vínculos y diálogos interactivos, a promover el texto escrito en una pantalla de PC , a escuchar a nuestro interlocutor en un equipo de comunicación digital, toda nuestra historia personal se almacena en una memoria cada vez con mayor capacidad, dibujar escenario lejanos y construir obras de arte en un mundo fantástico.

El temor se hace presa de nuestras comunidades, vivimos en la incertidumbre, la muerte amenaza, el planeta esta bajo estado de emergencia y las transformaciones se suceden unas tras otras a velocidad vertiginosa y por tal, debemos estar atentos a cada indicación que ofrece el sentido común y la investigación científica, nada seguirá y continuará siendo igual, existe un nuevo modelo y paradigma al cual es necesario adaptarse.

Cuidémonos y cuidemos a los demás, aceptemos las indicaciones de la autoridad, pero, por sobre todo, pongamos atención en las señales inequívocas que nos plantea la realidad de este nuevo tiempo: El siglo XXI florece y se proyecta hacia el futuro. En el último tiempo, vivimos una nueva realidad y debemos adaptarnos a cada circunstancia y cada acción. El tiempo nuevo nos sorprende, la existencia humana transita bajo estado de revolución fundacional.

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