El sentido positivo de la vida

Lamentablemente, este modelo de vida (nacido del acelerado progreso tecnológico) se está trasladando a la convivencia humana y social.

El Siglo 21 ya está rodando con su vertiginoso ritmo. Todo gira a gran velocidad: lo que hace dos años era novedoso, ya no lo es. Y lo que impacta durante este año, ya no será novedad en el próximo. Así es el actual modo de vida. Ello, porque el desarrollo de la Ciencia y la Tecnología es tan veloz, que lo novedoso e impactante pierde rápidamente su encanto y pasa a ser rutina. Así ocurrió con los Computadores, la Internet, los teléfonos celulares, la tecnología televisiva, etc. Rápidamente lo nuevo pasa a ser desechable.

Lamentablemente, este modelo de vida (nacido del acelerado progreso tecnológico) se está trasladando a la convivencia humana y social. Tan rápido se vive, que no queda tiempo para la familia y para los amigos. Hoy, el recurso tiempo tiene tanto o más valor que el dinero, porque para producir dinero se necesita tiempo.

Más allá de este juego de palabras, lo que interesa es que con el intenso ritmo de vida hay muchas personas que están resultando damnificadas: poco tiempo se dedica a los ancianos (los grandes olvidados), a los enfermos, a los recluidos, a los minusválidos, incluso a los niños. Ello, porque desafortunadamente las personas que no encajan en el modelo actual de vida también están siendo consideradas desechables.

Por ello, se hace muy conveniente hacer la pausa, reflexionar, recapacitar, pensar en los demás, en aquellos que silenciosamente están allí, esperando una mano amiga, una palabra de aliento, una sonrisa. Es recomendable pensar en el sentido de nuestra vida, en qué objetivo debemos cumplir mientras estemos sobre la tierra, con la posibilidad de tener salud, trabajo y familia. Afortunadamente, quienes tenemos todo esto (y mucho más) debemos dar gracias a Dios por tantos dones recibidos. Y la mejor forma de agradecer es dispensando un tiempo a todas aquellas personas que están solas, enfermas, sin trabajo, frustradas o en estado de abandono.

Demos una parte de nosotros, pero calladamente (que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace la mano derecha), con entusiasmo, alegría y cariño. Hagamos con los demás lo que nos gustaría que hicieran con nosotros, sobre todo pensando en la inevitable edad de la vejez que nos corresponderá vivir. Es el imparable ciclo de la vida, que -para hacerlo grato- debemos transitarlo con optimismo, comprensión y esperanza.

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