El futuro parece incierto

Para qué dejar paso a la ira y violencia desatada, si al final de cuentas, el paso por esta tierra es un pequeño  suspiro en la constante de un universo inconmensurable.

El constante ir y venir de las sociedades modernas, el ajetreo cotidiano de la ciudad y el mundo rural, la era de las comunicaciones y la ciencia digital, de una u otra manera han modificado el modo de pensamiento, la estructura mental del ser humano, diversificado habilidades y destrezas; pero, así también, atomizar la relación directa y presencial de la comunicación.

Reunimos gran cantidad de datos, estadística numérica, responsabilidades impostergables, asedio permanente de la publicidad y la promoción de productos electrónicos que pretenden facilitar la calidad de vida de las personas, pero que intrínsecamente, promueven el aislamiento e individualismo.

Hubo una época, hoy remota, en que los textos se traspasaban de manera oral de unos a otros, la charla y la conversación eran, particularmente, un medio de comunicación infalible; recurrir a las fuentes primarias fortalecía el diálogo y la exposición de planteamientos certeros que buscaban establecer vínculos y relaciones entre personas.

En múltiples ocasiones, hemos expresado por este medio, la compleja relación comunicativa en la sociedad moderna, siempre en el afán de favorecer la palabra y el diálogo como herramienta imprescindible para el desarrollo humano. En educación, uno de los objetivos fundamentales, es el desarrollo de la comprensión lectora para poder conocer, descubrir e interactuar en esta aldea global que asusta en sus redes satelitales masivas y de uso cotidiano de las generaciones más jóvenes del mundo moderno.

La humanidad, por regla general, avanza en un tránsito constante y permanente, aunque añoremos el tiempo pasado que fue mejor, según dijo el poeta. Es complejo emitir juicios de valor a este respecto, podemos, fácilmente, equivocar el planteamiento, es probable que se cuestione nuestro discurso, pero habitamos acontecimientos complejos e indescifrables, el futuro parece incierto.

A veces, vivir de las apariencias es una conducta cotidiana, aquello que es y no es, sentirse pleno en la búsqueda de cosas que no nos pertenecen, inventarnos un mundo imaginario, elegir una personalidad propia y definirnos ante los otros como seres superiores sin pensar que aquellos requieren de nosotros, que aquellos tienen las misma condiciones de existencia humana, que no podemos descalificar al próximo por su condición social, política o religiosa, que somos seres comunitarios, unos junto a los otros y que todo lo que realizamos involucra a otras personas, quienes, quizás, son más humildes y están dispuestos  a pequeños gestos amables que pueden establecer la diferencia; entonces, el futuro se apropia de nuestra realidad y se avizora mayor certeza y posible realización.

El futuro nos parece incierto, pero podemos preparar su advenimiento. Para qué dejar paso a la ira y violencia desatada, si al final de cuentas, el paso por esta tierra es un pequeño  suspiro en la constante de un universo inconmensurable. Para qué vivir de apariencias si nuestra existencia, sólo, acumula cosas unas junto a otras, aquellas que, cuando la muerte nos visite, no nos acompañarán al viaje definitivo.

Mañana es un concepto fantasioso, mañana puede ser…y nos agrupamos ante la duda, mañana existe, sólo, en nuestra mente inteligente, mañana vendrá, en el margen de una posibilidad, independientemente, de cuantas hipótesis o teorías se propongan, mañana no nos pertenece y esa es una verdad incuestionable.

Cuando se apaguen las luces, cuando el universo sea pequeño, vendrá el hombre humano a dominar la creación, a demostrarse fiel reflejo de un Ser Superior que gobierna todo en perfecto equilibrio y constante armonía. Cuando la aldea global alcance armonía y bienestar el futuro será una anécdota conclusa y definitiva.