Diálogo y comunicación en el mundo globalizado

Hoy en día, nos hace falta mirar hacia el pasado inmediato, sólo una generación anterior, quienes debieron vivir sin radio, televisión, teléfonos y computadores…


El mundo tecnológico, digital y de las comunicaciones nos ha enfrentado, en las últimas décadas, a un cambio radical y revolucionario que involucra a la aldea global, como se le ha denominado y que implica la necesidad imperiosa de poseer instrumentos, materiales y recursos que nos permitan estar conectados a la red global de comunicaciones y a los formatos digitales que ofrecen establecer vínculos y diálogo entre las personas, reunir y recopilar información, actualizar modelos de interacción entre seres humanos, entre muchos otros.

Entonces, ante una evidencia tan certera, una realidad incuestionable y un mundo que se transforma a cada instante, es prudente situarse ante una reflexión propia y particular: Quizá, hoy en día, nos hace falta mirar hacia el pasado inmediato, sólo una generación anterior, quienes debieron vivir sin radio, televisión, teléfonos y computadores, por mencionar sólo algunos elementos tecnológico, y cuestionarnos; ¿Cómo se realizaba la comunicación y el diálogo entre personas habitantes de una misma comunidad en el tiempo pasado? ¿Qué estrategias metodológicas se realizaban para estar al día de la evolución de la sociedad? ¿Cómo establecer lazos y redes de comunicación? La respuesta viene dada desde la realidad circundante de nuestras comunas: Retiro Parral, Longaví; territorio, eminentemente, agrícola y rural, alejados de los centros urbanos nacionales y más aún, de países remotos del planeta.

Los códigos sistemáticos de aquel tiempo nos recuerdan de diversos factores que determinan aquella condición: Disposición de tiempo libre, lejanía de las grandes urbes, necesidades concretas y reales, baja escolaridad de la población (muchos no sabían leer y escribir) nulo acceso a medios tecnológicos y trabajos de alta demanda (de sol a sol como era llamado en aquel tiempo) por tal, los momentos de interacción entre personas se daba al interior del núcleo familiar, alrededor del fogón encendido donde los más ancianos narraban historia que viajaban, de boca en boca, para entretener a los más jóvenes y mantener la cultura local como sostén de la historia.

Quizás: “Todo tiempo pasado fue mejor”, como rezaba el verso antiguo para, allí, depositar nuestro anhelo de permanencia en el tiempo y el espacio, para resguardar los valores que representaba nuestro minúsculo mundo conocido en relación a la globalización que hoy vivimos, para proteger a nuestros niños y jóvenes, pues ellos fueron el soporte fundacional de esta nueva generación que enfrenta el siglo XXI.

Hoy por hoy, la necesidad del uso de los elementos tecnológicos nos sitúa frente a realidades múltiples, diversas y divergentes, dependemos, absolutamente, de los elementos tecnológicos y electrónicos, en ocasiones, para dialogar con aquellos que están situados a unos metros de mi persona, debemos recurrir, sin límite de tiempo, a la información de todo tipo que descargan las redes sociales y más aún, a la formación académica que la escuela requiere.

Nuestros niños y jóvenes tienen menos información del medio ambiente y el mundo natural en que se habita. Esta es una máxima del tiempo moderno. Nos cuesta apreciar la evolución de las estaciones del año, del trabajo cotidiano en el mundo campesino, reconocer vegetales, admirarnos ante los ciclos de la luna, el cielo estrellado, el infinito ante nuestros ojos, la cordillera nevada después de las primeras lluvias, entre tantos otros.

Por tal, quisiera invitarnos a todos a mirar esta sociedad moderna con otros ojos, a dedicar tiempo a descubrir el medio ambiente que nos circunda, a maravillarnos frente al paisaje y el mundo natural en que habitamos, a poner atención en la comunicación diaria y cotidiana con el otro, a expresarnos afecto, a respetar al otro en su diversidad, a escuchar las palabras sabias de los mayores, a escribir la historia que nos corresponde vivir a cada uno de nosotros en este tiempo moderno cambiante y en permanente transformación. No descuidar el apego a los valores fundamentales que define a la persona humana.

Les invito a apagar unas horas el teléfono celular, a dejar la internet, el televisor y la radio para atender a una existencia real y concreta que evoluciona a nuestro alrededor. Dialogar y comunicarnos en vivo y en directo, esta debe ser nuestra premisa más valiosa.

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