Destruir la honra de las personas es una mala práctica, pero recurrente en nuestra época moderna, el descrédito personal, el embuste  se transforman en prácticas cotidianas.

El ser humano, en ocasiones, desprestigia el otro bajo diversas justificaciones, propone calumnias e inventos hacia el semejante, desprestigia la honra de las personas y por tal, se producen conflictos y disputas, se produce la discusión, el desencuentro y las malas relaciones personales.

Quizá, la calumnia ofende, sobre todo cuando el destinatario de ésta promulgue la sentencia equivocada, aquello que no corresponde, la mala intención del embuste, la falta de respeto hacia quien es su prójimo y hermano en la fe. Destruir la honra de las personas es una mala práctica, pero recurrente en nuestra época moderna, el descrédito personal, el embuste  se transforman en prácticas cotidianas.

 La humanidad transita por caminos escabrosos y en dificultad, nos cuesta asumir la condición de seres dotados de inteligencia y sentimientos positivos, hermanos entre unos y otros, entre semejantes que se deben respetar mutuamente, resguardar su integridad y proponer valores trascendentes.

 En ocasiones, nos olvidamos de nuestra condición de animales superiores en el reino de lo creado, que debemos guardar y proteger un sin fin de preceptos, normas y condiciones que validan la convivencia en una sociedad en permanente y constante transformación, del cual, en  muchos ámbitos, somos directos responsables, como es el calentamiento global, la contaminación ambiental, el sobre consumo, el individualismo, la negación de los valores transversales y el descrédito de aquel que conviven en nuestra comunidad más cercana.

Según mi modesta opinión, en el tiempo moderno que corre, en este siglo XXI, se requiere un regreso a las bases fundacionales de las sociedades y comunidades locales, un mirar el pasado para construir un presente que nos conduzca a la paz y armonía que necesita este mundo actual, todos somos parte de diversas y múltiples maneras de interactuar con el otro, somos seres que requieren establecer vínculos y relaciones con aquel quien forma parte del circulo más cercano y cotidiano; por lo cual, no es prudente crear lazos y vínculos negativos entre este o aquel, más bien promover la sana y buena convivencia sin distinción de ninguna especie, ni política, económica, social o religiosa, pues todos dirigimos nuestros postulados hacia el encuentro y la armonía que tanta falta nos hace. 

Nuestra sociedad moderna ingresa al desarrollo en una revolución de la técnica y la tecnología, hoy, somos dependientes de la era digital, el mundo virtual invade cada rincón, no es lógico vivir desconectado de las redes y comunicaciones, dependemos de las tecnología para estructurar nuestro hacer y proceder, dirigir la sociedad hacia el avance y el progreso, el cual debe alcanzar para todos sin distinción, el presente continuo del hoy nos invita a estructurar un individualismo compulsivo; a luchar, en competencia despiadada, con el otro, desconocer sus particulares condiciones personales y ofender su integridad. Aquel, quien dedica todo su empeño y esfuerzo por construir una mejor sociedad y un mundo mejor. Todos debemos procurar alcanzar el ideal de una convivencia óptima y una vida terrestre en equilibrio y comunión.

Deja que la sociedad aprenda a convivir en un ideal de paz y quietud, de seguro, todos somos diferentes y por tal, reaccionamos de manera distinta ante específicos sucesos del diario existir, defendemos nuestra integridad, pero también y necesariamente, defender la integridad del otro, el semejante, quien también tiene sus propias definiciones personales en una sociedad que avanza a paso raudo y veloz, sin dar tregua, hacia el desarrollo y el avance social de toda la comunidad. 

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