Buenos propósitos y deseo de felicidad

Sé feliz en la modesta realidad que te corresponde vivir, en la necesidad que oscurece el futuro incierto, en el apego a nuestros seres queridos…


Proponerse un mundo feliz, abandonar la guerra, permitirse promover la concordia, lograr acuerdos, ser conscientes de nuestras limitaciones, asumir nuestra propia realidad, descubrirse hombres y mujeres que transitamos hacia la muerte, quienes no pueden alterar la evolución del tiempo moderno regido por variables imposibles de manipular, un hoy y ahora concreto, permanente e inmodificable.

Es común escuchar reclamo ante los acontecimientos recurrentes en nuestra existencia, el no estar de acuerdo con los hechos que gobierna nuestro actuar, sentirse descorazonado por no cumplir metas, tareas o propósitos, depender de otros para construir la convivencia social, aceptar la comunidad como medio de desarrollo y crecimiento, alejarse del diálogo y la comunicación.

Miramos, tras la ventana, el otoño que anuncia su llegada, esperamos la lluvia fértil que germina la semilla, gotas de agua que son vida, el sol que se esconde a ratos entre nubes viajeras, hojas que pronto serán tierra para continuar con el ciclo perfecto de la naturaleza, colores en el huerto, gorjear de las aves, el paso cansino del cauce de un estero, el bravío océano pacífico que resguarda el oeste en nuestra patria, la máscara dorada de una luna llena en Semana Santa, el paso fugaz de una estrella, las alamedas ordenadas al sur del mundo que invitan al relajo, el llanto de un recién nacido y el discurso plagado de signos en un adulto mayor.

Sé feliz en la modesta realidad que te corresponde vivir, en la necesidad que oscurece el futuro incierto, en el apego a nuestros seres queridos, en el miedo ante lo desconocido, en la virtud de la templanza y la caridad, en cada oportunidad de encuentro y compañía, en el dolor de la pérdida cuando la muerte visita nuestro hogar, en la lucha constante por ser mejor cada día, en escuchar a quien habita en la soledad, en guiar, con certeza, a las nuevas generaciones para que, juntos y en comunión, construyamos un planeta más habitable donde se respete la dignidad humana bajo todas sus formas.

Somos una especie capaz de enfrentar los conflictos, capaces de aprender bajo todo criterio, dotados de una inteligencia superior al resto de los animales de la creación, en constante y permanente mutación dependiendo de la realidad que nos corresponda vivir, inventores por naturaleza, dotados de sentimientos particulares; por tal, amemos sin esperar recompensa, seamos misericordiosos con aquel que sufre en el abandono, cuidemos nuestro planeta, es nuestro hogar y no existe alguno semejante que nos pueda albergar, escribamos la historia para que las futuras generaciones tengan la oportunidad de avanzar, sin tropiezo, entre los desafíos que les proponga el incierto futuro.

Si cada uno de nosotros colabora en la gestación de un nuevo tiempo feliz para la humanidad es muy probable que la comunión entre hermanos de la misma especie sea una certeza posible, de cada uno de nosotros depende el tránsito que asuma esta sociedad contemporánea, el cómo y el hacia dónde dirigirnos, las nuevas hipótesis que deben ser comprobadas, la investigación en nuevos desafíos, descubrir secretos que aún resultan ocultos para el ojo humano, permitirse aceptar el cambio como constante del quehacer terrestre para descubrir universos incógnitos aún ocultos y secretos.

De seguro, más allá de lo concreto y real, en lo profundo de los misterios aún desconocidos, se encuentran las respuestas a las tremendas interrogantes que se plantea la ciencia e investigación moderna. Allí, en alguna estrella del perfecto infinito, habrán respuestas, sólo debemos aprender a mirar con atención, a escuchar con nuestros sentidos el centro magnético de todo el inmenso espacio abierto, de cada posibilidad, de cada teoría. Sólo es prudente poner atención, el corazón humano palpita como pieza de un infinito rompecabezas que se ordena según las leyes inmutables de la naturaleza.

Todo a nuestro alrededor se modifica, se transforma, el dominio consciente del hombre aborda y abarca el todo en cada una de sus partes, somos piedra angular y vértice, axioma y definición, posibilidad de futuro.

Aspiremos a nuestros buenos propósitos y el deseo de felicidad, cada cierto tiempo se nos permite el gusto y el deleite, aprovechemos aquellos instantes en todo su esplendor, simplemente debemos ser felices.

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