Aquí entonces, No estamos solos…

A diario habitamos con otros; en ocasiones, soportar a otros, dependemos de nuestro prójimo, pero estoy cierto: Aquí y entonces, no estamos solos.

En épocas difíciles, cuando la esperanza parece esconderse detrás del horizonte que marca el límite de lo posible en nuestra particular realidad que nos corresponde vivir, debemos estar atentos a las diferentes respuestas que se pueden ofrecer a las problemáticas del tiempo y la existencia del ser en relación directa con otros seres humanos que coinciden con nuestro pasaje sobre esta aldea global que nos cobija. Somos parte y porción de vida, un tiempo relativo de presente, deseos y añoranzas de felicidad, un espacio minúsculo en la inmensidad del todo, un accidente posible en la maravilla de la existencia terrestre; pues, para quienes somos cristianos, aguardamos un más allá infinito de eternidad después de la muerte; pero, esta es una creencia que requiere fe incuestionable.

A diario habitamos con otros; en ocasiones, soportar a otros, dependemos de nuestro prójimo, pero estoy cierto: Aquí y entonces, no estamos solos, ni el aislamiento social a que nos obliga la pandemia del Covid-19 nos conmina a la soledad, requerimos de  semejantes para evolucionar en múltiples ámbitos del quehacer cotidiano de la persona, las cosas con las cuales sobrevivimos en la modernidad deben estar disponibles y para ello, muchos otros, deben cumplir con sus obligaciones en fabricación, traslado y entrega de tal o cuál necesidad, no podemos someternos al aislamiento total y absoluto en vida humana común y normal.

El hombre mortal, pasajero terrestre, está equipado para interactuar con otros, nuestros órganos sensoriales están diseñados para pervivir en comunidad, hablar y escuchar, demostrar afectos, planificar proyectos, diseñar elementos en inteligencia humana con capacidad absoluta  que no tiene límites, pues todos tomamos decisiones que ayudan a mejorar el ambiente en el cual estamos viviendo, podemos ayudarnos solidariamente, en el tú y yo y nosotros, ultra-necesarios en el presente de Pandemia global.

Pasaremos el conflicto, pasarán estos tiempos difíciles, vendrán otros a construir un futuro incierto y por tanto, dependemos de la acciones que realicemos en el presente para sobrevivir en el futuro. No podemos desconocer la fragilidad de la vida en esta emergencia sanitaria. Cuidar y cuidarnos, sólo así es posible evitar la propagación de la epidemia y mirar con esperanza el próximo tiempo.

Somos comunidad y el aislamiento nos agrede, no estamos solos. El vecino me saluda, aprendemos a escuchar, aceptamos la razón del otro, escogemos nuestra amistad, convivimos en familia. No estamos solos.

Dadme una oportunidad de encuentro, ayuda para mitigar dolor y tristeza, vivimos en una época digital y de señales múltiples, todos en red; pero, de igual modo, requerimos del encuentro con el otro, mi más cercano. Siempre hay un antes y un después, nada sigue igual…

Nacemos para compartir en comunidad, absolutamente desvalidos y vulnerables, una experiencia plena de emociones para alcanzar la madurez que sólo regalan los años de existencia y cada experiencia convivida.

Podremos mitigar el dolor y la tristeza, buscar el equilibrio y la armonía, soñar en idilio, escuchar el rumor del amanecer y descansar después de la caída del crepúsculo. Siempre unos y otros, no estamos solos…

Un día de tal y cuales, de improviso y sin aviso, se nos vendrá la muerte y escucharemos el rumor de la eternidad en la presencia omnipresente del Señor Padre Dios.

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