Bajan la mirada, esconden sus sentimientos para no sentirse vulnerables, aparentan, ahuyentan a los buenos amigos, se esconden tras la multitud, niegan los valores sublimes de la convivencia humana, se apegan a códigos, en ocasiones, oscuros, van acumulando resentimientos, incapaces de admirar las virtudes en el semejante, transitan sin disfrutar las maravillas que nos expone el medio ambiente donde habitan…


Algunos seres humanos del tiempo moderno, esconden en su más profunda voluntad una enemistad con el otro que les lleva a ser envidiosos, mezquinos, altanero, resentidos; arrastran en su humilde existencia la desazón y el desánimo, ocultan sentimientos de ira, rencor y mala voluntad, ven en otros, la causa de sus males, murmuran bajo cuerda desprecio por el otro sin considerar sus múltiples virtudes, culpan al resto de sus malos aciertos y yerros, se ofuscan en el éxito del semejante, van escondiendo el dolor profundo en el espíritu del cual culpan a aquellos que están frente a su camino, despiden frustración, egoísmo y falta de sentido para su propia existencia, abandonan la mesura, paciencia y mansedumbre, duermen en el sueño inquieto de la falta de cariño y afecto, esconden la sonrisa, niegan la felicidad al amparo de inquietudes vanas, culpas al resto de cada obstáculo en el camino, jamás encuentran equilibrio, paz y armonía, se han reñido con la vida y las personas, requieren malas palabras al momento de habitar en
comunidad y compartir, culpan a los otros para comprender su equivocación, requieren mezquindades para aceptar la opinión extraña, resguardan su poder en la cobija del dinero, ofenden en razón sus propias carencias.

De esos hombres, he conocido. Bajan la mirada, esconden sus sentimientos para no sentirse vulnerables, aparentan, ahuyentan a los buenos amigos, se esconden tras la multitud, niegan los valores sublimes de la convivencia humana, se apegan a códigos, en ocasiones, oscuros, van acumulando resentimientos, incapaces de admirar las virtudes en el semejante, transitan sin disfrutar las maravillas que nos expone el medio ambiente donde habitan, la luna llena es un evento intrascendente, las flores del campo no es un regalo a su vista, compartir la mesa un desagrado, atender al mendigo una contradicción vital, de esos hombres he conocido.

Si ese hombre escuchara la lluvia al alero de las goteras, si admirara el invierno en su arrebol de viento norte antes de la lluvia, si el trueno y el relámpago iluminaran su vida, si recogiera las flores del campo en sus infinitos vestido, si se afirmara en el encuentro con el prójimo desvalido, si regalara regocijo y euforia en el compartir con el otro, si durmiera al amparo de un sueño quieto, si se acepta a sí mismo y a los demás, de seguro, su existencia se convertiría en algo placentero, un agrado impagable, un equilibrio armónico y sutil.

Quizá mañana se acusa la muerte, quizá el futuro insondable no nos otorga más tiempo, quizás la premura en el inquieto y tortuoso afán de menospreciar a quien difiere de nuestra opinión nos condene sin atenuante, quizá el pastor reúna a su rebaño, quizá el paraíso se encuentre privado, quizá se apagarán todas las luces y la oscuridad se tragará nuestro mal vivir sin compensación ni misericordia.

Vamos sonríe, sonríeme, vamos descarta fruncir el ceño, relaja tu inquietud, aprende en la humildad del hermano que sufre, sé solidario sin esperar recompensa, esconde tus ojos en el remanso del estero, allí donde los sauces peinan sus cabellos o en el parto de un río, allá lejos, muy lejos bajos los vestidos de la cordillera, deja que el sol alumbre al mediodía.

Démonos una oportunidad, atiende mi ruego, estoy alerta para escuchar tu enojo, intento, no sin dificultad, alcanzar sabiduría en aquel quien me acompaña entre el serpenteante dibujo de la vida, me descorazono cuando no puedo ser justo y equitativo, intento aprender en cada error, dominar malos pensamientos, atragantar las palabras que hieren, aprender en el intento de ser feliz, valorar la mirada en los ojos profundos, recibir como perfume el aprecio y la mansedumbre.

Cuando pases por mi vereda, cuando nos encontremos en la plaza, cuando vamos juntos a despedir a nuestros muertos, es posible, sé que es cierto, tú y yo vamos hacia el mismo puerto.

Roguemos a Dios hasta el cansancio, que la oración endulce nuestros labios, que el más allá alcance nuestra puerta en el abrazo, en el dulce almíbar del encuentro, alza tu mirada, el horizonte es casi perfecto, siempre es infinito, no importa cuántas veces cometemos el pecado, el valor está en el arrepentimiento.

Hombre y mujer, de seguro te conozco, he visto tu rostro desgreñado y me he visto a mi mismo, sólo nos separan nuestros personales ideales, sólo nos debemos hacer parte de aquel ideario fundamental que da sentido al universo.

Podemos habitar en paz, quietud y armonía, podemos convivir en el encuentro, abandonar nuestras carencias personales para ir por la vida prodigando alegría y felicidad.

A ti, quien viajas por el mismo sendero de tantos miles y millones, hombre y mujer, privilegiado ser humano, aprovecha cada oportunidad que nos otorga la existencia para admirar, con entusiasmo, la maravilla del amor. Simplemente: Sé feliz.

A %d blogueros les gusta esto: