Aguardamos la redención después de la muerte

Debemos agradecer al Padre Dios nuestra existencia humana, que seamos parte de una sociedad en la cual cada quien puede y debe realizar infinita cantidad de acciones para alcanzar la redención después de la muerte…

Escribir tres o cuatro palabras en memoria de quienes ya partieron de este mundo es una acción prudente y armónica, recordar a nuestros muertos nos ofrece la oportunidad de mantenerlos presentes en nuestra memoria; cada uno de ellos realizó diversas obras y acciones que nos permiten construir el mundo y la sociedad de acuerdo a cada avance y propuesta de quienes nos precedieron; Que descansen en paz nuestros difuntos, siempre tendremos una palabra que se reúna con el legado de aquellos que nos preceden en el viaje definitivo, obligatorio para cada ser humano, el último itinerario, el sendero sin retorno.

Debemos agradecer al Padre Dios nuestra existencia humana, que seamos parte de una sociedad en la cual cada quien puede y debe realizar infinita cantidad de acciones para alcanzar la redención después de la muerte, aquella que nos asecha a la vuelta de alguna esquina, aquella que nos envuelve en su manto para viajar a dimensiones desconocidas en el Reino y Paraíso del Padre.

Durante algún momento del día, debemos realizar una oración por nuestros deudos, invocar al Señor Dios para que perdone nuestras faltas y nos conduzca al Paraíso, que el amor de Dios se manifieste a nuestro alrededor, que otorguemos sentido a nuestros actos, que cada acción cotidiana la realicemos en el nombre del Dios Padre, que aguardemos la redención después de la muerte en una vida plena y para siempre.

Todos quienes creemos en la redención después de la muerte realizamos una vida plena en el amor de Dios y el amor al prójimo, que perdonemos las falta del otro así como esperamos el perdón de Dios para nuestras faltas, que invoquemos a la Santísima Trinidad para que ilumine nuestro andar y podamos redimir nuestras faltas; pero más aún, que nos alejemos del pecado para liberar el espíritu de malas intenciones, malas prácticas y deseos, somos todos llamados al sendero trazado por Cristo Jesús para alcanzar la resurrección después de la muerte en esta tierra, habitáculo y comarca donde podemos convivir con nuestro prójimo y construir una mejor sociedad más justa y equitativa, que se pueda compartir la riqueza, que le demos oportunidad de crecimiento y desarrollo a todo aquel que se encuentra postergado, desvalido y minusválido ante la sociedad de consumo y el materialismo compulsivo en el cual habitamos.

Llega el momento de comprender que la vida es un paso fugaz por este mundo, que cada día que pasa nos acerca a nuestro destino final y que más allá de todo lo visto y por vivir, existe un nuevo mundo pleno de felicidad en el Reino de Dios demostrado por Cristo Jesús. Qué, tus buenas obras te conduzcan al Reino de Dios en plenitud y armonía.

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