A veces, el dolor y la fatiga agobian mis pensamientos, aguardo mejores días en este espacio al sur de todas partes, niego la palabra agresiva y desprendida en la ofensa, conjugo verbos desconocidos y atiendo el amor entre la brisa suave temprana de la mañana.


A veces, el ser humano transita por la vida sin contemplar, admirar o maravillarse con todo a su alrededor, no ponemos atención en los pequeños detalles de la existencia a nuestro alrededor, hoy, en primavera, las flores que se visten de colores impensados que sólo una mano diestra pudo diseñar, admirar la cordillera nevada que se presenta imponente ante el horizonte, el agua pura y cristalina que prodiga vida por todas partes, el amor en los ojos tenues del anciano, la experiencia y sabiduría.

Fijar nuestra atención en el cielo majestuosos que se extiende más allá de esta galaxia en la cual habitamos, es ya una tarea más compleja, una noche serena cuando todo parece al alcance de la mano, la ausencia de sol en invierno cuando las nubes nos impiden mirar más allá, las gotas de niebla que acompañan el dolor de la muerte cuando el hermano parte hacia el infinito en un paraíso desconocido.

Sueño, viajo por universos incomprensibles, alimento mi esperanza junto al arroyo, bajo los sauces, escribo en papel de arroz, defiendo mi libertad, amo tus ojos de miel y la sonrisa cálida que pinta tu rostro.

A veces, el dolor y la fatiga agobian mis pensamientos, aguardo mejores días en este espacio al sur de todas partes, niego la palabra agresiva y desprendida en la ofensa, conjugo verbos desconocidos y atiendo el amor entre la brisa suave temprana de la mañana.

Vendrá la luz a iluminar cada rincón, a proponernos vigilia y atención para transitar sin desvelo en este mar de opciones inconclusas que giran en este planeta. Más allá del límite imposible del infinito, tendremos descanso después de la muerte. Entonces, visitemos a los que ya partieron, dejemos en su tumba un ramo de flores y encendamos una vela, pues, sólo, nos llevan unos pasos de ventaja.

A veces, el ser humano se niega a la oportunidad de una existencia más allá de la muerte. Reclama: Quién puede asegurar tal premisa, dónde habita tu Dios, quiénes pueden demostrar su existencia, porqué permite el mal, la ofensa y el agravio???? La respuesta es obvia, pues el don de la fe es un obsequio dado en gracia, sólo nos resta esperar el viaje definitivo.

Mañana, nosotros estaremos de pié, el hambre y la necesidad serán atendidas, el vagabundo de la calle recibirá su bendición, los niños huérfanos tendrán un padre, el mendigo un techo que le cobije. Mañana, será una oportunidad de alcanzar la gloria en aquel espacio otorgado por Dios.

Sonríe, hay ilusiones que pueden lograrse, hay momentos de emoción que valen la pena aguardar, la tristeza pasará a segundo plano, después de la lluvia siempre aparece el padre sol, la tierra ofrece sus frutos generosos, el agua inunda los manantiales, el aire parece un abrazo de Dios y el espacio un horizonte inalcanzable. Sonríe, hay oportunidad de vivir, apegarse a una quimera que puede ser verdad.

A veces, prefiero dormir, evaporarme como el agua del océano, despedir a mis muertos con un lágrima en los ojos, el café tibio y el pan dulce que preparó mi madre.

Anuncio una buena nueva, el destino certero del paraíso, la paz y armonía en el encuentro. A veces, la noche parece un suspiro que me atrapa sin compasión, la música suena en la radio y me dejo llevar entre sus notas casi perfectas, admiro la luz como fuente de vida y dejo un rastro para quienes viajan más atrás.

Te nombro, aprendiz de marinero, consorte del bien, discípulo de la luna y ermitaño, poeta por gracia y pintor de luz y sombra. Ten mi mano, acaricia la soledad para encontrar un sano destino, no dejes de amar y servir, el hombre necesita del otro, su hermano.

Aparecen las hojas y frutos, el arcoiris viajó a tierras lejanas con su baúl de joyas, la gran cascada está seca, el agua escasea y el aire sufre la contaminación. Pero, habrán nuevos horizontes, nuevos aprendices y la existencia poblará la tierra, el hombre sabe elegir el camino y proponer el mejor sendero.

Visita las tumbas, recuerda a tus muertos, algún día, de nuevo, nos encontraremos, es un hasta luego, una breve despedida, un paréntesis en la inmensidad del universo. Deja el temor, el abandono, la necedad, propón una ruta y carta de navegación, erradica la ofensa en malas palabras, obsequia sonrisas, consuela y acompaña. Elimina la ira, que la semilla germine y comparte de tu mesa un pan y copa de vino. A veces, todo parece perdido, se nubla el entendimiento, la locura invade sin tregua, pero al otro lado de la vereda hay una razón para vivir y continuar la faena.

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