Una nueva forma de ver la vida

El ser humano actual debe buscar rápidamente su centro, con el fin de evitar su autodestrucción. No es ningún secreto que la convivencia humana está totalmente deteriorada.


Una nueva forma de ver la vida… Más allá de las siempre ponderadas reflexiones filosóficas, el ser humano actual debe buscar rápidamente su centro, con el fin de evitar su autodestrucción. No es ningún secreto que la convivencia humana está totalmente deteriorada. Esta no es una aseveración gratuita ni mucho menos apocalíptica, es solo la conclusión más elemental que se desprende de los permanentes desencuentros y agresiones de todo tipo que se generan -desde el seno mismo de las familias- hasta en las relaciones internacionales, incluidas las que sostienen los Mandatarios de diferentes Naciones.

Qué penoso es observar la intolerancia como conducta frecuente en las relaciones humanas actuales. Qué patético es apreciar que la violencia verbal y física ya ha sido incorporada como un método de vida. Qué preocupantes son los niveles de descalificación, soberbia e infamia, llevados al límite incluso en el interior de muchas familias. ¿Qué nos ha pasado, por qué estamos pisando el límite de la esquizofrenia sin que nadie (o la mayoría) no lo advierta?

¿O es que tal vez ya el ser humano ha completado el ciclo de la evolución y francamente estamos en un período de involución, ya sea en la escala de valores como en los niveles de inteligencia, los que están comprobadamente asociados a la calidad de las relaciones interpersonales?

No es casualidad que nuevas formas de exterminio humano (como el terrorismo) se hayan instalado en la sociedad mundial. No es coincidencia el mayoritario ausentismo de figuras que encarnen liderazgo y credibilidad en la comunidad globalizada. Ciertamente que hemos perdido el rumbo y esto tiene consecuencias, como lo es la absoluta falta de respeto incluso entre personas que tienen la inmensa responsabilidad de guiar y conducir a grandes e importantes grupos de personas.

No es justificar conductas negativas masivas, pero ¿qué podemos esperar de la mayoría anónima si permanentemente hasta Jefes de Estado se faltan el respeto de una manera extrema? Para qué decir lo que pasa con otros líderes de menor influencia ciudadana: simplemente han incorporado en su rutina el “método de la trinchera”, disparando a diestra y siniestra, sin medir las consecuencias que ello tiene para la convivencia nacional e internacional.

Frente a este panorama, ¿qué hacer? En aras de una convivencia humana de calidad, es urgente que cada persona evalúe y analice su comportamiento individual y social. Volver a retomar la mesura y la prudencia en el decir y en el actuar. Aprender a escuchar a los demás, intercambiando puntos de vista de manera armónica, civilizada, respetuosa.

Principalmente la gente joven tiene mucho que decir y hacer, ellos deben dar ejemplos en la búsqueda de una forma de vida renovada, afectuosa, inteligente, de aceptación por los demás.

Las nuevas generaciones deben hacerse el firme propósito de construir un nuevo modelo de sociedad, no solo basado en determinadas concepciones políticas y filosóficas, simplemente una nueva sociedad en la cual impere el respeto a la dignidad de la persona humana. Jóvenes: dejen que la gente mayor se responsabilice del actual estilo de mala convivencia social que solo ha contribuido a empobrecer al ser humano, negando la posibilidad al “homo sapiens” de desarrollarse en un ambiente de paz y armonía, en el cual afloren las virtudes, los talentos y el altruismo de cada persona. Especialmente, los estudiantes deben aprovechar todas las oportunidades de las cuales disponen, para hacer posible una verdadera “revolución de la sana convivencia”, que termine definitivamente con la violencia y la descalificación.

Atrevámonos todos a iniciar la construcción de una nueva forma de ver la vida…

A %d blogueros les gusta esto: