Un mundo de simios

A nivel mundial, existen tres grupos de actividades que tienen comportamientos de “machos alfa” al igual que los simios: Los empresarios, los futbolistas de élite y los políticos.


Conocido es por todos que los simios corresponden a animales que –al igual que el “homo sapiens”- pertenece al orden de los primates, lo que significa que ambos tienen una rama biológica común. Sin embargo, a través del tiempo la especie humana evolucionó perfeccionando el Sistema Nervioso Central, lo que le permitió desarrollar funciones cognitivas en alto grado, como la racionalidad, la memoria, la discriminación de estímulos, la creatividad, que en forma paralela le permitieron desarrollar el lenguaje, la comunicación, la cooperación, el sentido de trascendencia, la espiritualidad, la moralidad,
el respeto a la vida.

Sin embargo, por motivos que son difíciles de entender, en gran parte de la población mundial (incluido Chile) se están observando comportamientos simiescos.

Conforme a estudios psicológicos realizados por investigadores especializados, los simios se caracterizan principalmente por ejecutar acciones priorizando la fuerza y la nula abstracción en la solución de problemas. Así, los simios se imponen al interior de su grupo haciendo prevalecer la fuerza por sobre cualquier otro atributo. Por ello, el “macho alfa” es aquel simio que mediante la fuerza marca su territorio, imponiéndose por sobre los demás y acaparando para sí las hembras de la manada. Los demás machos imitarán su comportamiento.

A nivel mundial, existen tres grupos de actividades que tienen comportamientos de “machos alfa” al igual que los simios. En primer lugar, los empresarios: tienen la fuerza del poder económico e imponen tendencias. El segundo grupo lo conforman los futbolistas de élite: tienen el poder de la imagen publicitaria y también del dinero. Si un futbolista famoso se hace tatuajes, o se coloca aros, o se rapa las cejas y el cabello, muchos le imitarán. El tercer grupo corresponde a los políticos: tienen el poder institucional (sin embargo por estos días están de capa caída).

Haciendo un parangón con los simios, se puede decir con propiedad que muchos seres humanos se están comportando de la misma manera, imponiéndose mediante la fuerza antes que por la razón, imitando a ciegas a los “líderes”, hasta en los actos negativos. Y no se hace referencia solamente a la fuerza física: esa es solo una expresión de las muchas formas de ejercicio irracional del liderazgo. Algunos hacen uso de la fuerza que les da el poder económico, el poder administrativo o el poder político. Otros, sí hacen uso de la fuerza física para cometer las peores aberraciones traducidas en episodios de violencia extrema que tienen aterrorizada a la población nacional: asaltos, violaciones, portonazos, agresiones, insultos, etc.

Son comportamientos de simios los que demuestran muchos conductores de vehículos motorizados que transitan a casi 100 kilómetros por hora dentro de la ciudad, los que le echan el auto a los peatones, los que se estacionan en tercera fila para conversar sin importarles los demás, los de conducción agresiva. También existen peatones simios que no respetan el paso peatonal, los semáforos; los que ensucian en forma descarada, los groseros, soberbios, altaneros o maleducados en plena vía pública o en lugares de concentración de personas.

Volviendo a la presentación inicial, digamos que por esencia y por definición natural, el ser humano debiera tener dos atributos que nos diferencian de los simios. El primero de ellos es la capacidad de dialogar, por sobre la tentación de solucionar los problemas mediante la violencia física, psicológica o verbal. El segundo atributo corresponde a la capacidad de hacer abstracción en la búsqueda de la solución de los problemas, en vez de “personalizar” el problema. Por ejemplo, si surge un problema, lo
correcto sería buscar una solución colectiva en vez de buscar culpables o echarse la culpa de todo. Esta situación se observa actualmente en la política criolla, en la cual partidarios de las mismas “tiendas” se culpan de todos los males que les ocurren: esa es una forma de marcar territorio, al igual que los simios, dando a conocer quién es el más fuerte conforme lo victorioso que resulten algunos al final del problema. De verdad que este último comportamiento nace de la “necesidad” de algunos “simios y simias humanos (as)” que no quieren que nadie les haga sombra. Y esto no se observa solo en la política sino que en gran número de organizaciones administrativas, sociales o empresariales del país, en las cuales
muchos jefes y jefas sacan rápidamente de su camino a aquellos que consideran que los están opacando, no obstante que los “eliminados” hayan sido un gran aporte a la Institución.

Es característica de los “simios humanos” la escasa capacidad de análisis y reflexión, dejándose llevar solo por el “cosismo”, o sea, hacer y hacer cosas sin saber para que las ejecutan.

Hoy en día los simios y las simias han copado dos campos: la farándula televisiva y las redes sociales. En ambos escenarios dan rienda suelta a la liviandad, a la inconsistencia, a la agresividad y a la casi nula falta de raciocinio. Observe Ud. quienes son rostros televisivos: personas con baja capacidad de análisis, pura parafernalia y chabacanería. Y de las redes sociales ni hablar: un adelanto comunicacional que es poderosísimo se ha convertido en el centro de accionar de gente grosera, que no trepida en descalificar brutalmente a quien se le ponga por delante.

Lamentablemente los medios de comunicación social consideran que los usuarios de las redes sociales son representativos de toda una sociedad. No es así, pues no existen estudios o investigaciones serias que validen tal afirmación. Lo cierto es que las redes sociales se han convertido en una verdadera dictadura de la cual será difícil librarse debido a la superficialidad y al descontrolado y poco responsable uso que de ellas hace la mayoría de sus usuarios: todo ello está a la vista, es cosa de revisar.

Estimado(a) lector(a): observe a su alrededor… Tenga cuidado, que puede estar rodeado de simios y simias que en cualquier momento le pueden agredir… y hasta morder.

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