Tierra: Un oasis en el desierto

Creo, fundamental, primero, maravillarnos en nuestro planeta, luego asumir una conducta de respeto y protección especial por la tierra y todo ser que en ella habita, sobre todo, hoy en día, cuando tenemos certeza que el calentamiento global ha ido minando, soterradamente, el clima, la protección de la capa de ozono y en general, aquellas variables que, precisamente, facilitan la vida sobre nuestro mundo.

Admirar nuestro planeta tierra desde el cielo es una experiencia vivificante, pues nos maravilla la existencia terrestre que convive en mil formas, colores y superficies, le han llamado la dama azul viajando por la galaxia, aldea global, en el siglo de las comunicaciones y la técnica, habitáculo, cobija y resguardo, planeta errante por su paso medido y constante alrededor del sol y sobre su eje, oasis, paraíso y maravilla en el inmenso firmamento, hogar que acuna la vida en todas sus formas.

Creo, fundamental, primero, maravillarnos en nuestro planeta, luego asumir una conducta de respeto y protección especial por la tierra y todo ser que en ella habita, sobre todo, hoy en día, cuando tenemos certeza que el calentamiento global ha ido minando, soterradamente, el clima, la protección de la capa de ozono y en general, aquellas variables que, precisamente, facilitan la vida sobre nuestro mundo.

De seguro, todos anhelamos un planeta que pueda albergar a las futuras generaciones, a los niños que aún no nacen, animales, vegetales y minerales, nuestras obras maestras en la ingeniería y la construcción, el cumplimiento al mandato supremo: “crezcan y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra.” Pero, probablemente, equivocamos el sendero, dejamos fluir el poder y el dinero como núcleo central de la existencia, acaparar y acumular riqueza no importa a qué precio ni consecuencia y aquel paraíso donado para nuestro deleite, como todo en la existencia real y concreta de este universo, se enferma y de no curar su mal, puede llegar a la muerte.

Poco a poco, paso a paso, tranco a tranco, el río caudaloso y de aguas cristalinas seca su cauce y contamina aquel líquido vital de agua dulce que un día regó el campo fértil para germinar la semilla, el gran océano es usurpado de la multiplicidad de peces que navegan sus aguas y las corrientes varían el clima y el hábitat de millones de seres acuáticos, nuestra cordillera se derrite y cambia su manto blanco por sequedad agobiante. Cada día desaparecen especies, se extinguen y ya nunca más podremos admirar su forma, colores y habilidades particulares, la tierra fértil da paso a la sequedad y el desierto, hemos talado los bosques y empobrecido el aire, gigantescas urbes sufren la polución, el smog agrede sin compasión; entonces, alguien debe hacer algo, alguien debe enmendar el rumbo, hoy, es pertinente y absolutamente necesario asumir estado de alerta, todos sin distinción para que cuando miremos la tierra desde el cielo, ella viaje, quieta y constante, como lo hizo en las primeras eras de nuestra galaxia.

Tierra, eres fuente de inspiración, madre redentora, vergel fecundo, fértil hembra, nos debemos a tu cuidado, inclinar la rodilla y pedir perdón por el mal obrado y comprometernos a no reincidir, ya suficiente mal hemos hecho, es tiempo de enmendar la falta para que el bosque sea un edén sin comparación, donde convivan cada ser de la creación y cuando intervengamos el espacio a nuestro alrededor, esto sea siempre protegiendo el medio ambiente donado a cada uno de nosotros, la tierra nos acoge a todos y cada uno, no importa condición social, política, religiosa o de cualquier índole, sólo importa proteger este planeta, cuidarlo y resguardarlo en cariño y delicadeza.

Eduquemos a los niños pequeños en esta tarea titánica, ellos son el futuro, de ellos depende el éxito en la faena, enseñemos en los pequeños detalles, acciones que pueden parecer minúsculas, pero que, sumadas entre millones de habitantes, hacen la diferencia.

El planeta azul debe continuar siendo azul, la noche y el día resguarda la vida, la física y la química ancestral realizan su trabajo, los elementos constituyen el todo y en la sumatoria absoluta, somos pieza clave ante cualquier cambio.

La tierra nos pertenece desde siempre, pero, al final de los tiempos, deberemos dar cuenta precisa sobre nuestra potestad. Habitantes pasajeros de un planeta prestado en la ruleta impredecible de la vida y la convivencia en comunidad de hermanos.

A %d blogueros les gusta esto: