¿Tiene Dios un país favorito?

No deja de ser terrible lo que las Iglesias han hecho con las enseñanzas de Jesús y de los grandes Profetas.


En muchas ocasiones se achacan a Dios los resultados desastrosos de una guerra, quien supuestamente ha permitido miles de muertes en el campo de batalla, infinito sufrimiento y desgracias por doquier, cuando además a través de las correspondientes misas y rituales se bendijeron tanques, cañones y todo tipo de armamento que debían llevar a unos y otros a la victoria.

Pero con toda seguridad que ese Dios de la guerra que bendice el armamento de destrucción y muerte de unos, también habrá bendecido los del otro bando con el fin de hacerles también vencedores, como si el verdadero Dios tuviera favoritos. ¿Pero está o ha estado alguna vez Dios a favor de la guerra? La respuesta es no, ¿entonces quien ha hecho del buen Dios, que es el Padre de todos, un dios de la guerra, iracundo, vengativo y colérico?

En el catecismo católico se puede leer: “La fabricación y el tráfico de armamento conciernen al bien común de las naciones y de la comunidad internacional. Por este motivo, el estado tiene el derecho y el deber de regularlas por medio de la legislación”. Pero Jesús de Nazaret, el maestro del pacifismo, dijo palabras claras y sencillas en otro sentido: “Amad a vuestros enemigos y haced el bien a aquellos que os odian”, o “Envaina tu espada, pues quien mate por la espada, bajo la espada perecerá”. Con estas palabras ya Jesús dejó claro que tampoco es correcto defenderse, sin embargo las Iglesias admiten que está permitido matar en caso de defensa propia, incluso hablan y defienden las guerras santas como algo justificado.

No deja de ser terrible lo que las Iglesias han hecho con las enseñanzas de Jesús y de los grandes Profetas. Por ejemplo Dios a través de Isaías dijo: “”Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda”. Hace ya 2700 años que el Profeta Isaías dijo estas palabras, tiempo suficiente para que en la Tierra se hubiera producido un cambio considerable entre las personas.

No obstante hoy día vuelve a hablar nuevamente un profeta de Dios a los hombres, se trata de Gabriele, la profeta y mensajera de Dios para la actualidad; de ella escuchamos: “Dios no quería ni quiere la muerte de animales ni de personas. Jesús era un hombre del pueblo que amaba a los animales, un hombre del pueblo que estaba a favor de las personas sin importarle su procedencia ni su linaje. Pero ¿está la Iglesia a favor de los animales?, ¿está la Iglesia a favor de las personas cuando habla de guerra justa? , algunos responden que muchas personas se han vuelto tan agresivas que se ha hecho necesario usar las armas.

Pero si las personas en algunos lugares están tan agresivas que una guerra justa es algo justificado, la pregunta para el occidente cristiano sería: ¿no tendría que haber realizado ya la humanidad la palabra de la Biblia desde la época de Moisés, a más tardar desde la época de Jesús, que dice “Amad a vuestros enemigos y haced el bien a aquellos que os odian”?

Por eso antes de que otro país se convierta en enemigo, llevadle la paz. Antes de que otro país ataque, que un país cristiano le tienda la mano y hayan conversaciones que reconcilien y ayuden. ¿Por qué puede ser acaso deseable que entren en tu casa, tu país, te roben los tesoros, te exploten o esclavicen, te quieran obligar a fuego y sangre a convertirte a una religión extraña y te traten como a un ser inferior?, seguro que no. Por eso pongámonos en el lugar del otro e
intentemos arreglar lo que se hizo mal.

Juan Lama Ortega
www.radio-santec.com

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