Tiempos modernos: Una familia disfuncional

Existe el concepto de no comprometerse en una relación de pareja permanente en el tiempo, hoy, asistimos a menos matrimonios por la ley civil y religiosa, muchos padres conviven, madres o padres, independientemente, deben hacerse cargo de la crianza de los hijos…


Hoy por hoy, y no en todos los casos, nos enfrentamos a un modelo de familia disfuncional si es que nos comparamos con el siglo, inmediatamente, recién pasado. Esta realidad incuestionable, afecta directamente a nuestras relaciones interpersonales, la vida social, nuestra participación en la vida cotidiana de la sociedad y el proceso educativo de niños y jóvenes.

Por una parte, la madre debió salir al mundo laboral para generar mayor aporte económico al sustento familiar, el lógico interés de la mujer en disfrutar de una labor o quehacer más allá de la mera atención del hogar como dueña de casa. Pero esta circunstancia, afecta, directamente, a la formación de los hijos en el núcleo del hogar, al acompañamiento necesario, corregir y dotar de valores a los pequeños niños en etapa de crecimiento.

Además, existe el concepto de no comprometerse en una relación de pareja permanente en el tiempo, hoy, asistimos a menos matrimonios por la ley civil y religiosa, muchos padres conviven, madres o padres, independientemente, deben hacerse cargo de la crianza de los hijos, y más aún, ser referentes individuales del rasgo femenino o masculino que toda persona debe asumir en la vida adulta como hombre o mujer, sin discriminar, por supuesto, a otras definiciones de género, a las cuales no nos referiremos en este escrito.

Hemos perdido la comunicación al interior del hogar, el diálogo distendido, la conversación amena, la narración de cuentos e historias, muchas veces inventadas en el momento para entretener al auditorio. Ellas han sido reemplazadas por el televisor, el computador y el teléfono. Habitamos a un paso del otro, pero nos comunicamos por medio de los elementos tecnológicos, vivimos una exageración del individualismo, el yoismo del ser sin prestar atención al otro. Ensimismamiento extremo.

La familia que acoge, que comparte la mesa, que dialoga, quien es uno de los pilares de la saciedad, manifiesta disgregación y disfuncionalidad, asistimos a una nueva época, pero nos hace falta solidificar los lazos afectivos al interior de cada familia, imponer roles, criterios y una moral intachable para, de tal modo, ser modelo para las nuevas generaciones.

Si nuestros niños y jóvenes descarrían su norte en la vida, si se dejan llevar por el consumo de drogas, alcoholismo, delincuencia y tantos otros males, es por la carencia de padres responsables que asuman un rol cuestionador, empático pero asertivo, regulador de las acciones o actos que el joven va asumiendo para adquirir la construcción de una personalidad honesta y responsable.

En nuestra sociedad contemporánea nos damos cuenta de las deficiencias y carencias que sostiene la familia, de sus preocupaciones y desencantos, de su crisis, en cierto sentido y de cómo nos hace falta tener una opinión certera de su realidad contingente.

Debemos volver a mirar hacia el pasado, rescatar las buenas prácticas que ejecutaron nuestros padres y abuelos, recoger lo más sustantivo y vital para reinventarnos, para asignar prioridades al momento de referirnos a la familia nuclear, para corregir errores y falencias, para inculcar, a las nuevas generaciones, el valor trascendente de la familia para crear una mejor sociedad y una sana convivencia.

El amor debe ser el sustento de la familia, el amor entre la pareja y el amor a nuestros hijos, el amor a la vida, el amor en todas sus formas. Si realmente practicamos el amor verdadero y sustantivo, reflejaremos una familia comprometida con su rol fundacional: Ser el soporte de la sociedad moderna.

No hemos nacido predeterminados para ser padres o esposos, ni para ser familia, éstos, nos son dados, son roles que se aprenden y practican en la convivencia diaria y cotidiana de nuestra sociedad occidental y creemos, al momento, ser la mejor herramienta para concretar una familia exitosa y no una familia disfuncional.

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