Semana Santa tiempo de perdón y esperanza

Hoy en día, el hombre debe proclamar las enseñanzas de Jesús, aquel mensaje de amor y paz que viene a iluminar nuestro sendero en la tierra, capacitarnos para encontrar el estado de gracia en el perdón de nuestros pecados…


El mundo cristiano, durante esta semana, celebra la Semana Santa, una semana especial y de devoción particular cuando recordamos a el Cristo, Hijo de Dios, Hermano nuestro, Mesías y Redentor, aquel quien donando su vida terrenal nos abre las puertas del cielo para alcanzar la Vida Eterna en el paraíso de Dios Padre.

Cuando la sociedad moderna se deja esclavizar por el odio, la violencia, envidia y rencor, cuando alejamos nuestros pasos del sendero del bien, la cordura y el entendimiento, cuando nos cegamos ante el despotismo, materialismo e individualismo extremo, cuando abandonamos la mesura y agredimos sin sentido a nuestros semejantes, cuando alabamos el dinero y el capital como vehículo primordial para alcanzar el éxito y la felicidad, cuando negamos a niños y jóvenes la oportunidad de creer en un mundo mejor basado en el servicio al prójimo y el amor a cada semejante; cuando la mentira, el engaño y la falacia inundan cada rincón de este planeta, cuando la guerra y el terrorismo se abalanzan sobre nuestro planeta; entonces, el Cristo crucificado en redención, quien tributa su vida por la humanidad y nos abre el camino a la resurrección alcanza vital estado de gracia y nos reúne en torno al mensaje santo de vida eterna en el Reino de Dios.

Hoy en día, el hombre debe proclamar las enseñanzas de Jesús, aquel mensaje de amor y paz que viene a iluminar nuestro sendero en la tierra, capacitarnos para encontrar el estado de gracia en el perdón de nuestros pecados, en la reconciliación y en el compromiso de no volver a pecar. Asumimos certeza de nuestra condición humana imperfecta, pero que puede dirigirse al encuentro vivificador del perdón ante la falta cometida, más aún, cuando el mundo moderno nos seduce en múltiples y variados estados de pecado, expuestos a la tentación del mal por doquier, limitados en nuestras acciones por la sociedad de consumo que agrede sin distinción asignando valor a las cosas por sobre la condición humana, al tener antes que dar al otro sin distinción de género, clase social, raza, filiación política, religión y tantas otras, entonces el perdón viene a nuestro encuentro, perdonar y ser perdonado.

Semana Santa es un tiempo de quietud, esperanza y armonía con la divinidad, reflexión en torno a las enseñanzas del Maestro Jesús, el carpintero nacido en Belén, el constructor de una nueva sociedad fundada en el amor como sentimiento primordial, la entrega desinteresada, el perdón y la esperanza.

Aguardamos mejores tiempos, una mejor sociedad, un mundo feliz en el encuentro, en la caridad y solidaridad ante el que sufre, misericordia y por sobre todo, redención en una nueva vida más allá de la muerte.

Templemos nuestro espíritu en la concordia, seamos generosos ante el desvalido, prodiguemos auxilio al que se enfrenta ante desafíos insostenibles, eduquemos a niños y jóvenes para que alcancen la plenitud, crezcan y se desarrollen bajo el amparo de Dios, protejamos y cuidemos a nuestros adultos mayores, demostremos lealtad a las enseñanzas de Jesús, pongamos en práctica su palabra, seamos misioneros de la Buena Nueva, prediquemos la oración para alcanzar la plenitud de nuestro espíritu.

Sea Semana Santa un tiempo de vigilia, estar alerta a los signos de los tiempos, acompañar a Cristo en su pasión y muerte para regocijarnos en su resurrección, vencer el mal, procurar el encuentro en la concordia, mitigar el dolor de quien sufre en el abandono, regalar sonrisas y nuestra mesa al desamparado, valorar la entrega desinteresada de quien auxilia al vagabundo y mendigo, del que escucha al doliente, de quien hace oración para pedir por una santa sociedad de hermanos en el amor.

Semana Santa en perdón y la esperanza para que todos los hombres de buena voluntad alcancen la salvación en la luz del Espíritu Santo y el sacrificio del Hijo de Dios, dejemos ataduras, aquellas que nos doblegan ante el sin sentido del mundo moderno plagado de lujuria y discordia, anunciemos la tierra nueva y el paraíso del santo cielo.

Apresuremos el tranco, pues de improviso y sin aviso, se nos puede venir la muerte y nos atrapa en el pecado, busquemos afanosamente el estado de gracia en la reconciliación con Dios comprometiéndose a no volver a pecar. Esperemos la bendición del Padre ante nuestros actos de entrega y servicio, mitigando el dolor de quien sufre, acompañando al desvalido y predicando el mensaje de la vida de fe cristiana a todo hombre y mujer de buena voluntad.

Que Dios nos ampare, nos permita alcanzar la resurrección y la gloria, que purifique nuestro corazón y nos reúna en el amor y servicio de Jesús el Maestro resucitado.

En esta semana Santa, el cristiano debe hacer oración, leer la palabra de Dios y por sobre todo, realizar caridad y buenas obras para aguardar confiados en la redención. Que sea un tiempo de reflexión, adoración y fe para construir un mundo más humano y pleno de encuentro en el perdón y la esperanza de una mejor vida.

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