Respetar las diferencias

Convivimos en la diversidad, disponemos de absoluta libertad para desenvolvernos en el entramado social, cada uno elige el camino que desea continuar en el tránsito por esta vida, existencia finita que llega a un final esperado sin anuncio ni certeza.


Por definición conceptual, todos somos diferentes; por tanto debemos respetar la individualidad de cada uno, las particularidades de la personalidad, nuestros conceptos básico adquiridos y la forma cómo resolvemos cada dificultad y conflicto. Convivimos en la diversidad, disponemos de absoluta libertad para desenvolvernos en el entramado social, cada uno elige el camino que desea continuar en el tránsito por esta vida, existencia finita que llega a un final esperado sin anuncio ni certeza.

A medida que vamos transitando por esta vida, aprendemos a interactuar con otros, valores fundamentales que enseña la familia y la escuela, una forma de ser y enfrentar los conflictos, desempeños esperados, dominio del conocimiento, creatividad e invención, pensamiento lógico y abstracto, ejercicio a través del ensayo y error, promoción de un capital cultural que permite la relación con el medio social y natural en el cual habitamos, sentidos que nos permiten entender el mundo en el que vivimos; labor, trabajo y desempeño que nos abre la posibilidad de ejecutar una acción y tarea.

Por tanto, respetar la diferencia es una obligación crucial en la convivencia entre congéneres en una comunidad definida y particular, allí cuando percibimos que el trabajo dignifica a la persona humana y ocupa toda su atención durante la vida adulta, pero la buena convivencia comienza desde la primera infancia, es el hogar y la familia quien recibe al recién nacido, el que enseña el rol básico de interactuar con el otro, en este caso, padres y familiares cercanos, aquellos quienes regalan las primeras palabras, los primeros pasos, el afecto y el respeto por el semejante. Entonces, aprendemos a ser la especie superior en este planeta amigo que permite la vida y el dominio por sobre todo lo creado.

En el afán de conseguir la permanencia de la humanidad sobre la faz de la tierra, debemos cuidar a los más pequeñitos, aquella prole que será la nueva generación en este siglo XXI, enseñar a respetar las diferencias se logra en los primeros años de vida, ser consciente del respeto por aquel semejante, sin importar sus características especiales, deficiencias, carencias o errores, virtudes o habilidades personales, todos sin excepción merecen el respeto y cuidado.

Desde el momento de nacer, el ser humano tiene derecho a la vida, derecho a la comprensión de sus mayores, derecho a ser distinto y diverso para contextualizar la oportunidad de ser comprendido y aceptado por el otro, atender sus necesidades, permitir la sana convivencia y aguardar las oportunidades que ofrece la existencia terrestre. En atención al hecho de nacer libres podemos proponer múltiples acciones que nos conduzcan a la felicidad y el crecimiento personal.

Respetar las diferencias es un imperativo, obligación y acuerdo entre personas, no discriminar bajo ningún aspecto ni condición, escuchar atentos las opiniones de los otros, dar pie al acuerdo y la comunión entre personas dotadas de inteligencia, capacidades y virtudes particulares; validar la solidaridad y el encuentro como oportunidad inmejorable de sana convivencia. Aguardar armonía y paz en el diálogo con los semejantes, permitir el desarrollo y crecimiento de niños y adolescentes en una adecuada educación en la escuela y la familia para validar el respeto con el otro como premisa básica de la vida en sociedad.

Respetar y respetarnos, aceptar los modos de pensar, la escala de valores, nuestras creencias, la religión que cada uno profesa, el pensamiento político, las decisiones que podemos asumir al amparo de nuestra personal manera de mirar la realidad, el entorno y este mundo en el cual habitamos.

Si respetamos nuestras diferencias tendremos una mejor convivencia social y este mundo será un lugar más habitable, una aldea global en la que todos sin excepción tienen derecho a cultivar su propia personalidad y un escala de valores según la administración de su propia libertad.

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