Reflexiones para un ardiente verano

La catástrofe ha servido para poner a prueba la gran capacidad solidaria de los chilenos y de Autoridades de diferentes países. Destacable es la actitud profundamente humana de las personas más humildes, quienes no han escatimado esfuerzos para concurrir en ayuda de los afectados.


Verano de 2017 será lamentablemente recordado por mucho tiempo, principalmente por el inmenso dolor y pérdidas humanas y materiales provocadas por los incendios forestales, los que no solo han provocado daño al patrimonio material, sino que fundamentalmente han dejado una profunda huella en la salud emocional de las familias afectadas. Dios quiera que todo esto sea superado largamente, especialmente con la ayuda estatal y privada.

La catástrofe ha servido para poner a prueba la gran capacidad solidaria de los chilenos y de Autoridades de diferentes países. Destacable es la actitud profundamente humana de las personas más humildes, quienes no han escatimado esfuerzos para concurrir en ayuda de los afectados. También es relevante y encomiable la labor de Bomberos, de los Voluntarios de CONAF, de Carabineros, del Ejército y de diversas Instituciones que se la jugaron por proteger vidas humanas en peligro. Nuestro homenaje a los mártires caídos en acto de servicio: nos han dado una tremenda lección de abnegación y espíritu de servicio a la Comunidad. ¡Gracias por su valentía!

Sin embargo, otras noticias nos han removido tan fuerte como el extremo calor de este tórrido verano. Una de estas noticias es la resolución final adoptada por los Organismos correspondientes, en relación al caso de una alta autoridad de Gendarmería, quien estaba percibiendo una jubilación de más de seis millones de pesos mensuales. El dictamen final determinó que en vez de seis millones, quedará ganando una pensión de un millón y medio de pesos. ¡Qué les parece! En un tiempo en que la inmensa mayoría de los chilenos con 35 ó 40 años de servicio percibe como promedio jubilaciones de 200 mil pesos (a veces menos), aparece una privilegiada ganando bastante. Y parece que no es la única en la Institución a la que pertenecía. No es justo ni tampoco ético.

El otro caso es más reciente. Corresponde a una Ministra removida hace muy poco de su cargo, no precisamente por su buen desempeño. Y como premio de consuelo la Presidenta de la República le nombró como Consejera del Consejo de Defensa del Estado, ganando nada menos que 8 millones de pesos mensuales. Sí, 8 millones mensuales hasta que cumpla 75 años de edad. Actualmente tiene 44 años. Y pertenecer al CDE no le impedirá realizar sus labores profesionales como abogada, lo que se traducirá en más ingresos.

Esto es lo que no se entiende. La Ley del Embudo, la parte ancha para algunos y la parte angosta para la gran mayoría. Injusticia total. ¿Cómo se entiende entonces el tremendo escándalo nacional que se armó porque las Autoridades se opusieron férreamente a otorgar un reajuste de remuneraciones del Sector Público superior al 3,1 %? ¿Y cuántos argumentos se dan para subir miserablemente el monto del sueldo mínimo? En el país hay trabajadores que mantienen a sus familias con menos de 250 mil pesos mensuales, tienen que hacer malabares para sobrevivir, se endeudan de por vida.

¿Cómo poner fin a estas desigualdades? Sin ser economistas, creemos que lo primero es que el país se rija por el principio de austeridad, que regule el presupuesto nacional de manera tal que efectivamente se atienda con recursos fiscales a quienes más lo necesitan. Para ello, debe haber más fiscalización, con el fin de evitar que en Programas o Ayudas Sociales aparezcan los oportunistas de siempre recibiendo ayudas que no les corresponde, con lo cual disminuyen las posibilidades para las personas más pobres y se les priva de las ayudas sociales estatales (léase Programa Puente – Chile Solidario, Casa Subsidiadas, etc.).

Estimados lectores: estas pequeñas reflexiones nos ayudarán a entender muchas situaciones que a diario ocurren en Chile. Independiente del pensamiento político o religioso que legítimamente cada cual pueda tener, los ciudadanos debemos exigir un comportamiento social apegado a la ética y a la razón. Cada ciudadano (incluidas las Autoridades de todos los colores), a través de su trabajo debe propender a la generación de una sociedad realmente justa y solidaria, valorando los méritos de cada persona y respetando su condición social.

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