Reflexiones para un ardiente verano 2017 (Parte 2)

Detenerse ocasionalmente a analizar la “cultura” que nos entrega la Televisión chilena es un ejercicio más que saludable, por no decir aconsejable.

Ya se ha dicho demasiado acerca del bajo nivel de los Programas televisivos, que principalmente persiguen captar el dinero de los auspiciadores, léase millonarias Empresas Comerciales que financian todo tipo de programas en la tele. Como resultado de la simbiosis Televisión – Empresas, se entrega a los televidentes cualquier cosa, que en poco o nada contribuye al crecimiento cultural, ni menos personal.

Es recurrente bombardear a los televidentes con comedias o teleseries mexicanas, brasileñas, venezolanas, chilenas, turcas y hasta hindúes, que lo único que hacen es transmitir mensajes de mala convivencia o malvivir, mediante libretos que solo pretenden explotar la parte emocional de los seguidores, sin importar si hay o no una buena enseñanza de vida. Por lo general, los libretos se basan en infidelidades, intrigas, violencia, mentiras y traiciones, siendo tan reiterativos que a muchos les dan a entender que casi eso es lo único que existe en la realidad.

Para que decir del bombardeo publicitario: cientos y hasta miles de imágenes por minuto que terminan por entrar en el subconsciente colectivo para empujar a la compra de un producto determinado. Bueno, al final esto es altamente rentable para la TV y para las Empresas, porque siempre aumentan sus utilidades a costa de los telespectadores Un capítulo aparte lo merecen los programas de farándula. Aquí sí que se tocó fondo… Personajes faranduleros que se creen dueños de la verdad se han tomado las mañanas de todos los canales de emisión nacional, para entregar puras banalidades y trivialidades que a nadie le interesa, pero que a fuerza de repetición terminan por convencer que sí son situaciones importantes las que allí se ventilan. Por ejemplo, la cirugía estética de tal personaje, o el cambio de pareja de determinado artista, cuánto invierten los famosos en vestuario, etc. De verdad, se ve que la televisión chilena es poco afanosa en su labor, porque les resulta fácil llenar horas y horas de espacios televisivos con pura chimuchina.

Y para colmo, últimamente todos estos programas faranduleros se han arrogado el liderazgo en las campañas de ayuda a las víctimas de los pasados incendios forestales. No es que el fondo del asunto esté mal, pero sí la forma, ya que no es posible farandulizar una tragedia. En vez de aparecer tanto en pantalla, ¿por qué las Empresas y personas donantes no van calladamente a un Banco o a alguna Institución formal para entregar anónimamente sus erogaciones? Es casi lo mismo que pasa con la Teletón: llega Diciembre y una avalancha de solidaridad se deja caer en el país para ayudar a los niños con capacidades diferentes. ¿Y por qué no se realizan las donaciones calladamente durante todo el año en la Cuenta 24500-03 de cierto Banco? ¿Por qué esperar a que se enciendan las cámaras de TV para meterse la mano al bolsillo? ¿Cuánta es la preocupación nacional por los niños diferentes durante el resto del año?

La semana pasada, la televisión mostró con todo “glamour” cómo la gente VIP de Chile desfilaba en la alfombra roja del Festival de Viña para colaborar con los damnificados de los incendios, según ellos en un “gesto solidario”. A cambio, estos personajes mostraron a todo el país sus millonarios trajes y joyas, demostrando toda su clase. Verdaderamente un insulto a la gente pobre y a los damnificados, muchos de los cuales aún no tienen ni una lata de zinc para cobijarse del frío y el viento.

Pero qué le vamos a hacer. Al parecer los chilenos nos hemos acostumbrado a convivir con este tipo de televisión y nos está dando lo mismo. Y es que la televisión chilena es el fiel ejemplo de la brutal sociedad consumista en la que vivimos, en la cual interesa más el desarrollo material por sobre el desarrollo humano. Pero aún es tiempo de cambiar este modelo educando equilibradamente a nuestros niños y jóvenes, las futuras generaciones que liderarán a nuestro querido país, enseñándoles que las cosas materiales debemos usarlas en forma austera y que no son la única forma de lograr nuestra felicidad y la de los demás.

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