Quisiera un remanso en el camino

Este tiempo moderno nos encuentra y reúne en una aldea global intercomunicada e interdependiente donde cada uno de nosotros es pieza fundamental.


Quisiera tener un día tranquilo y quieto, quisiera velar el sueño dormido de un niño pequeño, escuchar el canto del agua mientras desciende el estero, alas desplegadas en el aire para mirar el mundo desde lo alto, quisiera tantas cosas, que en ocasiones, altera el estado de ánimo, las ganas de vivir y la felicidad infinita que se nos niega a cada instante en este tránsito permanente y constante. Quizás la luna está muy lejos para alcanzarla con mis manos, quizás el otro lado del planeta está muy distante, quizás la palabra se esconda delicada y temerosa ante otras lenguas, quizás no me haga sentido visitar otras tierras, pero, este tiempo moderno nos encuentra y reúne en una aldea global intercomunicada e interdependiente donde cada uno de nosotros es pieza fundamental.

Somos seres en tránsito y mientras tanto se nos aparecen tareas y obligaciones innumerables, relaciones sociales permanentes, el compartir con otros para desarrollar nuestro espíritu sedentario organizado en comunidades cercanas en las cuales proponerse trabajar, disfrutar el tiempo de ocio, descansar, atender al hermano que lo requiere, enseñar con el vital ejemplo a las nuevas generaciones, acostumbrarse a los cambios cotidianos y periódicos a que nos tiene acostumbrados la moderna sociedad. Somos una especie múltiple y diversa, impredecible, en ocasiones caótica, violenta, agresiva y dominante. Agredimos nuestro medio social, natural y cultura, estamos abiertos a transformar el mundo como se nos indicó desde el principio de todo, pretendemos alcanzar la sabiduría, no sin menospreciar a quien tiene menos conocimiento, aquel quien habita este planeta desde la necesidad y las carencias, el vagabundo desposeído.

Me gustan las fechas, los días, los minutos, los segundos me persiguen, me alteran y limitan, imponen prioridades, obligaciones y deberes, el tiempo es un enemigo secreto que va minando cada obra y propuesta, el tiempo nos acerca a la muerte segura que cada quien debe recibir; nada es certeza, sólo múltiples probabilidades, el reloj secreto del universo asigna imprevistos y contradicciones; debemos asumir cada realidad personal y colectiva, el mundo en vigilia merece nuestra preocupación, siempre hay algo por hacer.

Quisiera un remanso en el camino, un merecido descanso tendido bajo la sombra de un roble y sólo admirar la majestuosidad de su porte y estatura, larga vida y grata condición erguido cual gladiador. Allí, a la vuelta del camino, a los pies de la cordillera los plantados vigilan nuestros actos, añoran la lluvia templada que regala vida y detienen al gran temporal. Creo, honestamente, nos merecemos un descanso rejuvenecedor, un sentarse a planear las obras de un futuro inmediato que exige toda nuestra energía y fortaleza.

Quisiera despertar mi pasión y voluntad, ser un pequeño aporte para construir una sociedad más amable, vital en el encuentro y el diálogo.

Si la tierra niega sus frutos, si el clima es implacable, si el sol se niega a despertar el día de mañana, si las abejas extravían el rumbo, si la oscuridad se cierne sobre el planeta, si el agua es escasa y los ríos se niegan a correr por su cauce, debemos preguntar: ¿Qué será de nosotros, pobres seres dependientes e indefensos? ¿Cómo mantener esta especie sobre el planeta tierra? ¿Qué será de los niños no nacidos? ¿Cuál será nuestra herencia y obsequio para las nuevas generaciones?

Aún estamos a tiempo de corregir la carta de navegación, el mal no puede triunfar, la esperanza es un valor inapelable, la armonía se encuentra y atesora, el compromiso debe ser honesto y sin prejuicios, alerta ante lo inesperado y transparente.

Cada quien posee su propio proyecto de vida, formas para enfrentar los conflictos, maneras de solucionar los problemas, un estado de prioridades, teorías personales y una escala de valores, por lo tanto, es prioridad definir nuestras relaciones, dictar el curso de la existencia de acuerdo a un plan predeterminado y una planificación de mediano y largo plazo.

Habitamos en el presente que nos correspondió vivir, en esta época de cambios y transformaciones vertiginosas y debemos adaptarnos para alcanzar una vida plena y plagada de felicidad, paz y armonía.

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