Que la paz y la esperanza gobierne nuestra vida

Hubo un tiempo, cuando el paraíso brillaba en la tierra, que la necesidad y el abandono estaban prohibidos, que el equilibrio y la armonía predicaban santa gloria para hombres y mujeres de bien, aquellos quienes, en arrepentimiento, confesaron su pecado y disfrutaron la reconciliación.


Cada día asistimos a un nuevo desafío, cada día es inesperado y casual. Reconocemos la realidad de acuerdo al medio en el que habitamos, vamos dando, pasos y pasos, tras un futuro que nos es esquivo, dialogamos sin cuestionamiento con otros seres del mundo real y concreto, planeamos y decidimos, escuchamos el discurso que manifiesta el hablante del otro lado del mensaje, enfadamos nuestro espíritu; en ocasiones, agredimos, dejamos surgir la ira o disfrutamos de la risa en el acuerdo de las cosas buenas que nos ofrece la existencia. En definitiva, habitamos, existimos y estamos presentes en el aquí y ahora.

Entonces, debatir, construir el pensamiento, desarrollar la ciencia y la técnica, adaptarnos a los cambios y la continua rebelión, alcanzar el infinito más allá del minúsculo universo conocido, aceptar la esperanza de un mundo mejor en el hacer cotidiano para que las nuevas generaciones encuentren un planeta que les cobije y proteja. Olvidemos la desazón, alcemos la bandera de la esperanza, desafiemos a los acontecimientos, seamos leales, aunque la verdad parezca dolorosa, seamos dolientes ante el sufrimiento, pues la solidaridad y caridad nos reúne y reconforta, no se nos permita validar el materialismo, el signo del tener por sobre el compartir, el individualismo, la lujuria, envidia y codicia, que las palabras sean cristalina para establecer vínculos seguros y confiables, que se promueva la concordia para representar la vida sobre el planeta en los recién nacidos, niños y niñas que se deben educar con afecto y cariño para regar por la tierra una herencia de felicidad en el amor sin fronteras ni limitaciones.

Valga la pena para construir la gloria, valgan lágrimas para demostrar sensibilidad, que la oscuridad de la noche prepare el nuevo día, que el sol no deje de alumbrar, que las nubes carguen agua y las montañas la resguarden cual despensa abundante, que la catástrofe respete al desvalido, huérfano y vagabundo, que el pan no falte en la mesa y los pobres reciban el calor de una mano amiga… Hubo un tiempo, cuando el paraíso brillaba en la tierra, que la necesidad y el abandono estaban prohibidos, que el equilibrio y la
armonía predicaban santa gloria para hombres y mujeres de bien, aquellos quienes, en arrepentimiento, confesaron su pecado y disfrutaron la reconciliación.

Una conjunción de estrellas harán de la humanidad un raza que trascienden más allá de la muerte, que hereda, monumentales descubrimientos, quienes no se satisfacen con una propuesta negativa, que cuestionan y siguen cuestionando hasta alcanzar la verdad, que habitan y dan cuenta del mundo real, aquella realidad cambiante y en constante evolución que nos exige estar atentos y dispuestos, alerta y comprometidos.

Dispongamos emoción y pasión en cada decisión de la vida, busca, afanosamente, tu particular destino, entonces aparecerá la alegría, la felicidad que se anhela. Este universo nos convoca, mirar más allá del planeta que puede ser un minúsculo espacio si nos proyectamos en la inmensidad. Tanto, tanto que ignoramos, somos tan débiles e indefensos, una especie frágil en tránsito vertiginoso, obligados a la existencia hasta cuando la muerte nos sorprenda en algún recodo del camino.

Para qué agredirnos, para qué castigarnos en el odio y la ira, si en un abrir y cerrar de ojos se apaga la luz en nuestra mirada. Mañana, debe ser el mejor día de nuestra existencia, mañana habrá algo por hacer, mañana la tierra continuará con su viaje constante y pausado por la galaxia, mañana todas las voces reclamarán justicia y seremos juzgados por nuestras buenas obrar o por la omisión ante la injusticia que invade nuestro espacio vital.

El compromiso de muchos nos guiará por el buen sendero, el arrepentimiento nos santificará y el compromiso de no volver a equivocarse dará sentido a cada acto cotidiano. Aquí, en el sur del mundo, en la tierra más austral, debemos ofrecer esperanza de equilibrio entre todas las fuerzas que gobiernan nuestro planeta tierra, sólo la comunión en paz y armonía, nos permitirá construir un paraíso en la tierra.

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