Propósito y razón de la vida

Defender la vida sobre el planeta tierra debe ser una consigna que todos debemos pregonar y llevar a cabo, aunque la vida parece un breve suspiro en la inmensidad del todo en el que se sustenta el universo.


Defender la vida sobre el planeta tierra debe ser una consigna que todos debemos pregonar y llevar a cabo, aunque la vida parece un breve suspiro en la inmensidad del todo en el que se sustenta el universo. Desconocemos tanto, nuestro conocimiento aborda la realidad circundante en un limitado espacio, más allá del aquí y ahora existe un infinito inconmensurable, otras dimensiones desconocidas, abrigamos el casual sentido de pertenencia a un momento, circunstancia y ocasión y por tal, atender la necesidad de cuidar y respetar la vida se transforma en una obligación para todos. No, simplemente, la vida humana, sino toda existencia sobre nuestro planeta, cada ser tiene un propósito y razón.

El territorio conocido, aquí donde habitamos, nos invita a disfrutar del paisaje y el entorno donde la siembra cubre tremendas extensiones, donde el bosque se hermana con las nubes, donde el agua viaja cristalina por ríos, esteros y canales, donde el vergel produce el trigo que luego será harina, frutas y verduras de toda especie, cuando la amistad significa respeto y comunión.

A cada instante debemos despedir a nuestros muertos, escuchar el silbido del viento puelche, esconder la tristeza y el abandono para sentirnos parte de una sociedad construida al amparo de reglas, normas y deberes, asumir responsabilidades, practicar el trabajo como una obligación responsable, dirigir la esperanza y armonía cuan valor trascendente, musitar una bella canción que eleva el espíritu, ser constructor de un mundo mejor para los niños que comienzan a vivir en la esperanza de un futuro de paz, encuentro y esplendor.

A veces, miro el cielo cuando atardece el día en la confianza de encontrar algún vestigio de existencia más allá de esta aldea global que me cobija, quisiera sólo un guiño de esperanza, es posible que en la inmensidad absoluta alguien nos esté admirando, que el viaje asumido en la muerte nos conduzca hacia otra existencia más plena y feliz. Pero, debo replantear mis devaneos, mientras no encuentre respuesta desde el cosmos insondable, debo convivir con la obligación de la vida terrena que me fue dada en gracia.

Entonces, aprieto el paso, conseguir respuestas en un océano de incertidumbres, mirar atento alrededor, escudriñar las certezas que me ofrece el mundo moderno, confiar en la palabra de mis antepasados, asumir mi responsabilidad exclusiva, pues cada quien posee un carta de navegación para la vida humana y terrestre que ha sido otorgada en obsequio.

La humanidad ha depredado este planeta, hoy estamos ciertos que el agua es escasa en muchas partes, que el sobrecalentamiento global es una realidad instalada e indiscutible, que a diario extinguimos especies, que la contaminación ataca por doquier y que los gobiernos del mundo no asumen su propia responsabilidad.

Hoy por hoy, ten el temple para cuidar y resguardar el planeta, para proteger a nuestros niños, para escuchar el rumor del jardín florido o la majestuosa postal de la cordillera hacia el oriente, dedica tu empeño para meditar tranquilo y sereno bajo la sombra de un maitén, tararear una melodía, escuchar el trino de las aves o el ladrido de un pequeño perro en la casa del vecino. Las cosas simples y cotidianas pueden dar sentido a nuestra existencia y asumir que no siempre tenemos la razón, pues esta es una sumatoria de razones colectivas en las cuales nos ponemos de acuerdo los unos con los otros.

Quiero vivir, conocer más allá de este territorio sur al fin del mundo, alucinarme en las maravillas que la naturaleza protege en rincones apacibles, determinar el sentido del pensamiento humano tratando de entender el por qué y cómo de las cosas, guardar un recuerdo grato en mi memoria, ser de aquellos quienes sembraron fértil semilla que en el futuro dará frutos, no pasar desapercibido en la maraña de tantos que, hoy, habitamos la aldea global.

Ser antes que nada un discípulo del tiempo que nos tocó vivir y que cuando no estemos ya sobre este planeta alguien recuerde nuestra memoria.

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