Perdón en la reconciliación

El perdón debe ser asumido como una acción sublime, es la oportunidad de validar nuestra esencia humana trascendente, en tránsito continuo por este planeta, pero de paso, transeúntes y caminantes incansables.


El perdón es una virtud, perdonar significa asumir que cada quien y en cualquier minuto comete un error o equivocación, por tal podemos entender que el otro también se puede equivocar y desde esta premisa perdonar es un cato divino.

Jesús nos enseñó que debemos perdonar siempre, sobre todo si en el semejante existe arrepentimiento y el compromiso de no volver a cometer la misma equivocación. Debemos dar una oportunidad y otra y otra más, pues somos seres perfectibles en proceso de santidad.

Cada quien ejecuta su existencia de acuerdo a valores y propuestas personales, fuimos creados libre y este libre albedrío me permite tomar decisiones personales que en algún momento pueden ofender al prójimo, perjudicarlo o atentar contra su propia existencia.

Entonces el valor de la reconciliación, del encuentro y la armonía están en el centro de la convivencia social. Siempre debemos estar en interacción con otros, somos seres gregarios por excelencia y en tal concepto no podemos evitar compartir con los semejantes.

El perdón debe ser asumido como una acción sublime, es la oportunidad de validar nuestra esencia humana trascendente, en tránsito continuo por este planeta, pero de paso, transeúntes y caminantes incansables.

Cuando el otro vocifera, cuando agrede sin mediar razón o circunstancia, cuando el diálogo parece no fructificar, cuando mi punto de vista personal parece la única opción es cuando debemos retrotraernos, dedicar un tiempo prudente para descubrir nuestras malas acciones, aquellas manifestaciones de ira y desencuentro, nuestras carencias y necesidades para fortalecer una personalidad bajo el amparo de la reconciliación.

Si todos perdonamos sin condición ni cuestionamiento, si el ser humano atiende a quien requiere de una mano amiga, si valoramos el gesto

La razón y la inteligencia nos regalan la posibilidad de reflexionar, de escrutar sobre nosotros mismos, de evaluar y proyectar nuestra existencia, de crear e imaginar, proponer y definir una personalidad única y exclusiva, entonces, reconoce el error, asumir la falta es un particularidad de la esencia vital de cada ser, abrir los dominios de la abstracción

Dar antes que recibir, ser solidario ante la necesidad, elegir los valores fundamentales de nuestra sociedad moderna, permitir a nuestros niños y jóvenes educarse al amparo del amor, la paz y armonía, defender al desvalido, demostrar preocupación por aquel que no tiene ni voz ni voto, promover un sano servicio público, estar disponible para el hermano que lucha cada día por pan y abrigo y sobre todo validar el perdón como sentimiento de valor supremo.

Cuando la discordia se hace presa en nuestras relaciones sociales, cuando mitigar el dolor ajeno es un virtud, mientras vamos viajando por la madre tierra en busca de la verdad y la sabiduría, cuando construimos una familia para convivir en quietud y templanza, cuando abandonamos la palabra grosera, virulenta y despectiva, cuando buscamos el acuerdo para lidiar con otros, siempre se nos aparece el perdón par la construir lazos efectivos de vinculación en el encuentro validando la paz como virtud fundacional.

En primer término debemos reconocer el error, la ofensa o la ira, asumir su existencia como una condición humana para proyectar la reconciliación como modelo de paz, de concordia y lealtad con nuestro próximo

Nada más certero que el perdón ante el otro, aquel quien reconoce su falta, el que se propone abandonar cada mala obra para actuar en el imperio de la luz y las maravillas de las relaciones sociales en armonía.

Aguardo alcanzar la luminosa reconciliación con todos, determinar mis carencias y necesidades, prodigar diálogo, escuchar la voz interior que conduce y gratifica, ser honesto ante la equivocación, preparar mi alma para el camino definitivo que nos propone la muerte, abandonar la desidia y falta de empeño en la labor diaria, argumentar mis propósitos, luchar por la paz en el concierto de una sociedad que se dirige a la redención.

Que tu boca no pronuncie ofensa, que tus actos se validen en la sana convivencia, que cada día sea una mejor oportunidad de practicar el bien, que reconocer el acierto del semejante sea una habilidad adquirida, que la luz del sol irradie nuestro actuar.

La virtud y el carácter se educan y aprenden, el compromiso con ser parte de una sociedad se fragua en la vital tarea de cada día para enfrentar los conflictos y desamores.

Reconoce tu falta, arrepiéntete, propone una santa reconciliación para que la convivencia en armonía guía nuestro andar sobre esta tierra.

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