Papa Francisco: Visita ilustre

Si bien es un dignatario reconocido sobre la faz del planeta, sabemos que tiene detractores, pero situando su imagen en un contexto eclesial, sabemos que su influencia es meridiana en el hacer de las sociedades.


La próxima semana nos visita el Papa Francisco, figura que hoy por hoy, no deja nadie indiferente, Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, aquel que conduce al pueblo de Dios para cumplir la alianza establecida por Jesús el Cristo con la humanidad. Sabemos que nos enfrentamos a la ruina y destrucción de nuestra sociedad, que el hambre, la guerra, la contaminación ambiental, el calentamiento global, el trafico, la delincuencia y tantos otros flagelos agreden a nuestro mundo.

Francisco asiste a nuestro país en una visita apostólica, su figura y representación no dejan indiferente a nadie, si bien es un dignatario reconocido sobre la faz del planeta, sabemos que tiene detractores, pero situando su imagen en un contexto eclesial, sabemos que su influencia es meridiana en el hacer de las sociedades, que él ha impuesto una forma nueva de enfrentar los conflictos, mantiene su apego incondicional a los dogmas de la fe, pero en aquellos temas humanos, del cotidiano vivir, siempre tiene una opinión innovadora y de cambio en la iglesia. No le hace el quite a los conflictos, ha demostrado austeridad y pobreza al igual que San Francisco, invita y convoca, reúne al pueblo de Dios, anuncia la salvación eterna para aquellos hombres y mujeres de buena voluntad, se pone de lado de los más necesitados, de los humildes y desvalidos, invita a la oración como sendero de redención, acerca a los hombres la figura de Cristo como el Hijo de Dios que redime y construye un sociedad del amor.

Se que algunos cuestionan su presencia, que hay de aquellos que critican su investidura, que reniegan de su influencia en el mundo contemporáneo, pero él, a diario, nos da muestras de los sublimes valores de la doctrina cristiana, que si todos les pusiéramos en práctica alcanzaríamos un mundo mejor.

Francisco no dará, por si mismo, solución a los conflictos que aquejan a nuestro país, pero su posición de Príncipe de la iglesia, puede iluminar nuestro actuar y conducirnos por nuevos y desconocidos senderos.

Señalo, visita ilustre, pues no de común, un país tan al sur del mundo, recibe a un peregrino que acostumbra a estar con la gente, a escuchar la voz del pueblo de Dios, que puede conducirnos a la fe viva y trascendente de un buen cristiano, a volver nuestros ojos al Dios Eterno que ha creado el universo y nos convoca, a cada uno, a buscar la redención en una futura vida eterna.

Ojalá, abramos nuestra mente, corazón y espíritu a su mensaje, escuchemos con atención sus palabras, pero también sus gestos y acciones, él nos reúne, a los del norte y los del sur, a los humildes y poderosos, anuncia la buena nueva, predica en la iluminación del Espíritu Santo, anhela paz en el mundo, a que volvamos sobre nuestros pasos a aquella Iglesia digna del amor de Dios, a que miremos con compasión a nuestros hermanos, a que ocupemos nuestra vida en el amor al prójimo, no importa su condición ni forma de ser, a maravillarnos con la creación que habita junto a nosotros en este planeta, a educar nuestros niños y jóvenes para que en el mañana sean hombres y mujeres de bien, a hacer oración cotidiana y permanentemente, a leer la palabra de Dios en la Sagrada Escritura, a elegir el camino de la concordia y la armonía.

Quienes puedan estar presentes en la ceremonias masivas que se realizarán la próxima semana, disfruten de este hecho histórico, pero también, vivan con fe radiante el mensaje divino del cual se hace parte Francisco. Es una oportunidad inmejorable de atender a nuestra espiritualidad, de llenarnos en el mensaje evangélico de la palabra de Dios para que la bendición se derrame sobre nuestro pueblo. Allí, debemos estar, ser parte integral de toda celebración.

Francisco ha venido a renovar la iglesia y nos llama y convoca, todos somos parte, no podemos restarnos, pues la gran mayoría de chilenos anhela la paz y el encuentro, somos un pueblo cristiano que quiere caminar hacia la redención y la salvación y por tal, nuestras obras generarán los cambios que esta sociedad añora y desea.

Gracias Santo Padre por venir a nosotros, gracias Francisco por dedicar tu obra apostólica en nuestra patria y estamos seguros que nuestra atención estará puesta en tu mensaje, en el encuentro cercano con nuestro pueblo, en la santificación y la comunión con Cristo Jesús para que el amor y el servicio sean ruta e impronta, dedicación y esmero para todos sin distinción.

Nuestra patria se regocija, estamos alerta ante tu llegada, no sea que nos descubras dormidos y dejemos pasar esta oportunidad histórica. Hoy los cristianos debemos salir a predicar, anunciar el reino de Dios y trabajar, incansablemente, por construir un mundo mejor, esta es nuestra oportunidad de ser parte integral de los cambios que requiere el Chile del próximo tiempo. Bienvenido Francisco, bendice nuestra tierra y a todos sus habitantes.

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