Padre: El que me mostró un sendero…

Para todos quienes contamos con la presencia de nuestros lindos viejos, alabado sea el cielo y para los que ya partieron un sentido recuerdo; pero no esperemos a que la muerte nos quite a los padres viejos para reconocer, con nostalgia, cuánto aprecio, cuánto cariño inquieto, cuantas caricias perdidas o quizá sólo besos.

Hoy que soy padre, puedo reconocer la importancia de este rol en la vida
cotidiana, principalmente, en aquel niño pequeño y desvalido que necesita de una mano que conduzca sus primeros pasos o en las balbuceantes primeras palabras, pequeñitos que recorren el mundo sin alcanzar a ver qué hay en la mesa servida de cada día pues su tamaño no les permite esta garantía o en la atención que se debe asignar a aquel trepador que se escapa del suelo y que es rescatado sólo gracias a la mano amiga de su padre.

Aquellos que disfrutamos, por bendición del cielo, de un padre, aunque mayor, pero presente, cariñoso pensando que su infante aún no ha crecido. Aquel quien viaja en la vereda del frente, quizá más próximo a la visita de la hermana muerte, quizás con tareas aún pendientes, quizá con esperanza de una vida futura en otro lugar y espacio, pero sin podernos visitar o encontrarnos, compartir, durante una tarde de invierno, junto
a la estufa, de una taza de té y un sabroso pan tostado con mantequilla.

Quizá no es necesario nada más, tenemos tanto de qué hablar y ojalá que no falten las palabras, por que cuando ya no estés habrán sólo recuerdos gratos, aquellos otros, simplemente, se olvidan…

Día del padre, aquel único y exclusivo, el que te regaló la mitad de vida que hoy disfrutas, el invencible, el siempre capaz, el solucionador de conflictos, el que me defendió cuando mis años no alcanzaban, el que me mostró un sendero y los secretos de una mente brillante, el que me hizo reír a cosquillas, el que golpeó mi mejilla cuando le falté el respeto a la madre (algo que nadie debe hacer) ese es tu padre; pero ahora ya doblado por los años que no transitan en vano, haciendo recuerdos gratos de un pasado precioso cuando se enamoraron y decidieron una vida juntos, que hoy suman más de 54 años…

Para todos quienes contamos con la presencia de nuestros lindos viejos, alabado sea el cielo y para los que ya partieron un sentido recuerdo; pero no esperemos a que la muerte nos quite a los padres viejos para reconocer, con nostalgia, cuánto aprecio, cuánto cariño inquieto, cuantas caricias perdidas o quizá sólo besos: Por tal, y así de cierto, agradece a tu padre cuando aún esté presente, cuando poder mirarse a los ojos no sea
ningún secreto, no cuando dejemos su cuerpo en el cementerio para que el panteonero sepulte en tierra su frágil humanidad. Hoy, anda y atiende a tu querido abuelo, de seguro, en la distancia física que se requiere por la pandemia; pero, no pierdas el tiempo, mañana, puede ser sólo un sutil recuerdo.

Hoy que las redes de comunicación remota permiten estar presentes de múltiples maneras y plataformas, por qué no saludar en un gran beso a aquel hombre, que a su modo, te regaló los primeros pasos, las primeras palabras y los primeros besos…

De seguro, cuando pasen los años y ya no estés conmigo, podré estar tranquilo y sereno, no nos quedaron conversaciones pendientes, secretos sin develar o quizá sólo una tarde atizando juntos el brasero.


En el nombre de mi padre, saludo a todos los que cumplen esta hermosa labor, invitar a no perder el tiempo valioso del encuentro, porque cuándo el viejo ya no está, no hay absoluto remedio, date el tiempo: Es necesario, antes que el gallo cante mil veces o el sol se detenga en su camino.

Padre, fuiste tú quien me mostró un sendero y por tal te lo agradezco, aquel pionero que aprendió del abuelo que en la voz pausada del último tiempo regala a mares puros y cristalinos consejos. Padre mío, simplemente: Te quiero.

A %d blogueros les gusta esto: