Nuestro territorio sur

Foto: nosotroslosviajeros.com

Aquí en el sur, la palabra empeñada tiene valor de compromiso, el amigo está disponible siempre que el otro le requiere, podemos imaginar el universo como se nos plazca, tenemos la certeza de un mundo feliz al final del arcoíris, dejamos la ropa tendida a la intemperie, confiamos nuestra vida al otro pues estamos ciertos que siempre nos protegerá.


Las noches quietas de verano son especiales para escuchar el silencio y en la oscuridad aquellos grillos que cantan desconsolados. Vivir en el sur es una experiencia vital cargada de emociones particulares que nadie puede desconocer. Somos privilegiados al descubrir la magia de una noche serena, descansar tendidos a la sombra de los árboles cuando la luna se nos aparece detrás de las montañas, oír el tintineo del agua bajando por los esteros, agradecer la calma y serenidad de una charla con amigos sin el tedio y bullicio de la gran ciudad.

Aunque, en ocasiones, nos sentimos invadidos por las señales y redes de comunicación que atrapan nuestro interés, aún podemos convivir en la armonía del gran silencio, en la placidez del descanso, en la charla a un costado del camino, en la honradez de mi vecino, en la complicidad del secreto bien guardado.

Estuve allí cuando la oscuridad fue nada, mientras el café se enfrió y el sol dejó de palpitar, manos amarillas detienen el tránsito, ojos desteñidos reclaman luz, sólo la luna vino a brillar, manos se levantan del fondo de la tierra, aprietan el carbón cual masa de pan, desgarran sus entrañas y renacen como alerces milenarios. Aquí en el sur, la palabra empeñada tiene valor de compromiso, el amigo está disponible siempre que el otro le requiere, podemos imaginar el universo como se nos plazca, tenemos la certeza de un mundo feliz al final del arcoíris, dejamos la ropa tendida a la intemperie, confiamos nuestra vida al otro pues estamos ciertos que siempre nos protegerá.

Descubrir el amor en un sitio lejano y perdido, dibujar, en el jardín, los mejores colores que nacen de la tierra fértil, recibir cada estación del año con la esperanza de un tiempo mejor, aprender a descubrir los secretos de la naturaleza en una sinfonía perfecta. Somos creadores de cada propia experiencia para convivir en paz y concordia.

Mañana diré gracias Dios Mío ante un nuevo día, ante una nueva jornada, para alcanzar el crepúsculo como un poema enamorado de la vida. Quizás mis palabras escogidas no sean perfectas, quizás soy un aprendiz de poeta, pero voy caminado la vida como un niño que recién aprende a caminar.

Estimados amigos lectores, me doy el tiempo de tejer estas líneas para rescatar el sur de mi mundo, en este universo extendido hasta el infinito, pues cada quien posee una tarea y obra por cumplir. Los grandes arquitectos de la antigüedad, poblaron ciudades y levantaron imponentes construcciones para dejar testimonio de su paso por esta vida. Yo deslizo mis palabras unas detrás de las otras para atrapar cada poema que la naturaleza de nuestro mundo escribió en algún tiempo remoto.

Amo el sur, cual amo al sol y la tierra, al amigo y al vecino, a los hermanos menores, la música y la luz, el nacimiento de una galaxia o la muerte de una estrella. Estamos en este planeta para disfrutar la vida, un pequeño suspiro de la creación, más allá de la conciencia, más allá de los límites que nos impone el universo concreto y real. Somos niños aprendiendo a jugar la lejanía, el viaje en el tiempo, la ciencia y la dinámica. Dedicamos todo nuestro empeño en descubrir grandes teorías o simplemente, cultivar la tierra, pero todos y cada uno de nosotros, seres humanos tenemos una razón de existencia.

El ser humano quería volar y lo pudo hacer, mirar el firmamento y lo consiguió, escudriñar en lo microscópico y desarmó el átomo, comunicarse y dio origen a una nueva era del conocimiento y las redes sociales, viajar cada día más rápido y hoy las distancia se acotan.

Me alegra el brillo de la ciudad cosmopolita, emociono en los textos de maestros de la palabra, me inclino ante Dios, siembro en tierra fértil, agradezco el agua y el bosque, descanso en los brazos de una mujer amada y educo a mis hijos en mi humilde talento.

Nosotros, habitantes del sur, pedimos la palabra, escuchen nuestros sueños de futuro, regálennos una tribuna en el gran juicio de la humanidad para pedir menos disparos asesinos y más escuelas, menos hambre y más generosidad, menos ancianos sumidos en la pobreza para escuchar su de su voz la experiencia.

Si hemos nacidos en el amor déjennos dormir en la quietud, dejen transitar el agua pura y cristalina desde nuestras montañas, cuidemos el océano intranquilo, la araucaria y el roble, donemos las maravillas de la naturaleza a hijos y nietos, aquí en el sur siempre habrá un lugar donde descansar de la fatiga de la vida.

Mañana es un buen día para rescatar el amor, la prudencia y la solidaridad. Aquí en el sur, aún es tiempo de sembrar la paz y la sana convivencia.

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