Es necesario hacerse parte de la problemática de nuestro prójimo, validar valores positivos que nos dirijan hacia una sana convivencia, a vivir en armonía y quietud…

Escucharte, poner atención a tus palabras, tus gestos, entender lo que te sucede a cada rato en esta existencia social del otro, mirar como tu miras, dar privilegio a tus necesidades, ser empático (ponerse en el lugar del semejante) vivir sus penas y alegrías, destacar tus aciertos, elegir compartir cada experiencia y validar tus habilidades y destrezas, preocuparme de tus conflictos y dificultades, estar presente cuando tu lo requieras, ser solidario ante la necesidad y mirar el futuro con optimismo, pues éste siempre puede ser mejor.

En ocasiones, escondemos la cabeza para no enfrentarnos a las dificultades del otro, no ser parte de sus conflictos y requerimientos, de su miseria, de sus anhelos frustrados, de la falta de esperanza, de su castigo sin mitigación. Es necesario hacerse parte de la problemática de nuestro prójimo, validar valores positivos que nos dirijan hacia una sana convivencia, a vivir en armonía y quietud, a dejar y abandonar los conflictos para luego destacar en una convivencia en paz entre los miembros de una misma comunidad.

En esta época crítica de pandemia que nos corresponde vivir en nuestra sociedad, debemos proponer el amor al prójimo como valor fundamental para protegerse y proteger al otro, entonces, se hace carne el concepto de ayuda al prójimo, cuando cuido a mis semejantes, pues el virus del covid-19 nos puede agredir sin misericordia; además, los más necesitados requieren de mayores cuidados, de espacio físico donde realizar la cuarentena y los cuidados paliativos de la enfermedad; entonces practicamos el amor al prójimo, entonces somos solidarios y caritativos, entonces viviremos una sana convivencia social. Todos somos miembros de esta sociedad moderna que nos cobija en su regazo pero que abandona a los más desposeídos, a los vagabundos y miserables de la ladea global, sin ni siquiera manifestar una mínima preocupación por el otro, aquel que transita a la deriva sin apoyo ni comprensión.

Alguien necesita compañía, alguien necesita que le escuchen, alguien está sólo, triste y abandonado, a la deriva, huérfano, minusválido, una entidad viviente que requiere el apoyo de otros para desarrollar su existencia; no podemos dejarlo condenado a su suerte, quizás antes que temprano; más bien, pronto, aguardamos el encuentro fraterno, el abrazo entre hermanos de la misma especie, la solidaridad que mitiga el dolor, la caridad que ayuda a enfrentar los conflictos y dificultades del mundo moderno. 

Debemos tomar consciencia que alguien habita en la vereda del frente, debemos conocer su propia realidad, descubrir la confianza para dialogar y aprender a escuchar, determinar su identidad, un alguien reconocido con nombre y apellido, un ser importante y valioso para el proceso de desarrollo y evolución de la especie humana sobre la tierra.

Así como hoy tenemos necesidades materiales que se amplifican por la pandemia que nos golpea sin misericordia, debemos atender a las necesidades espirituales de nuestros semejantes, pues el ser humano es un todo complejo, múltiple y diverso en constante evolución y crecimiento; por lo cual no podemos abandonarlo a su propia suerte, sino, más bien, estar disponible y atento a sus necesidades, escuchar su voz en el océano de posibilidades que es nuestra realidad cosmopolita, en un todo absoluto que trasciende la realidad contingente  donde todos tenemos un lugar y espacio determinado para cumplir nuestro personal cometido.

Te invito a mirar alrededor, a poner atención en lo que ocurre a cada instante en esta sociedad en crecimiento vertiginoso de futuro indeterminado. Nuestros semejantes nos requieren y debemos estar atentos ante sus necesidades.

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