Notas de sana convivencia

Date un tiempo para descansar y recuperar tus fuerzas, privilegia una conversación distendida y alegre, nos hace falta la charla amena y compartir con el otro nuestros pensamientos, puntos de vista y deseos.


Dejad que el sol alumbre en plenitud, que las hojas de otoño bañen las calles y pasajes, que la luna gobierne nuestras vidas y que el espacio alcance su plenitud. Dejad que los niños y jóvenes aprendan a conocer el universo desde su temprana consciencia. No limites la creatividad, el juego y la inventiva, repara en no ofender a quien no sabe, respeta al otro como valor supremo y obsequia tu conocimiento y experiencia para que el mundo pueda ser mejor.

Admira una flor vestida de colores, las nubes pasajeras, el verde del campo y el trinar de las aves al amanecer, afirma tus pasos sobre el caminar en la tierra, recuerda a tus muertos, alza la voz cuando se reprime al más desvalido, comparte, de tu mesa, con el hambriento, recibe en júbilo al recién nacido, despide con honores al abuelo bicentenario, devora aquellos libros clásicos, ellos depositan conocimiento y sabiduría, transforma el universo, cuando sueñas aún es necesario construir espacios infinitos…

Date un tiempo para descansar y recuperar tus fuerzas, privilegia una conversación distendida y alegre, nos hace falta la charla amena y compartir con el otro nuestros pensamientos, puntos de vista y deseos. En la palabra, se conjuga el verbo, se alimenta la sabiduría, se aprende a escuchar y aguardar nuestro turno de habla. Quizá, no siempre acertamos a la razón, es propio del ser humano equivocarse, disentir, doblegar nuestro criterio ante la evidencia de la realidad que nos toca vivir.

Simplemente sé feliz, procura admirar la pequeñez de las cosas simples, el saludo afable es un signo de educación y cultura, el respeto una norma que no debemos olvidar, la misericordia un valor supremo y la oración una señal de trascendencia. Simplemente, disfruta este día como el último de nuestra existencia, la muerte nos llega de improviso.

Acepta a quienes te irritan e impacientan, ellos también buscan sentido a sus vida, proponte estar de acuerdo cuando lo amerite y critica el desacierto del otro, cuando sea ocasión.

Todos convivimos en comunidad, unos al lado de otros, compartiendo un espacio vital privilegiado, un tiempo y espacio presente absoluto.

Visita a nuestros abuelos, sonríe junto a sus historias del pasado, aprende del mundo pretérito en sus cuentos, fábulas e historias, úngete en su sapiencia, el transcurso de la vida es el mejor maestro.

No creas ser depositario de la verdad absoluta, ésta no se puede alcanzar en plenitud aunque, en ello, se nos escabulla la vida. Suprime la ofensa y el descrédito, despeja tu mente en la melodía de una canción hermosa, repite, el ritmo perfecto de todo lo creado, al son del viaje casi imperceptible de nuestro planeta por la galaxia.

Nombra todas las cosas en afecto y cariño, despide besos cuando el amor alcanza tu puerta, olvida las palabras agrias y desabridas, ellas conduce al desencuentro y conflicto. Respira los aromas cálidos y templados, ofrece tu mano en señal de encuentro. Mitiga el dolor, el odio y la intriga, no son buenos consejeros.

Vuela más allá del horizonte, probablemente la luz ilumina otra tierra y otro mundo. Soporta tu trabajo, no importa su valía e importancia, es una buena obra, es una misión y tarea. Permite la alabanza, revive la fe y aguarda esperanza, quizá, en un tiempo, breve o prolongado, el mundo sea más habitable.

Deja un tiempo para la meditación y contemplación, tu espíritu también requiere atención, respeta tu cuerpo, es un obsequio de la vida, dibuja en tu mente grandes desafíos, responde al llamado de Dios, aunque te cueste entender su voz.

Si vamos por el planeta regalando amor, protegiéndolo y cuidándolo, tendremos un lugar donde habitar en el futuro inmediato.

En nuestro mundo nadie sobra o está de más, cada quien posee una misión y debemos buscar nuestro espacio en el devenir de los acontecimientos.

El verso alaba, la palabra escrita se protege como tesoro, nos hace falta admirar nuestro idioma y producir discursos de habla puros y cristalinos como el agua de los manantiales. Qué, el amor sea un baluarte e impronta para este nuevo siglo que da sus primeros trancos.

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