No te dejes seducir por el engaño

El engaño causa daño y dolor, pero la humanidad parece validar aquello que a todas luces no es correcto ni adecuado, pues hemos asumido cierto acuerdo tácito, en que la mentira es un antivalor que se debe erradicar.


El ser humano manifiesta diversas conductas que se relacionan con los valores negativos que propone la sociedad moderna en su constante evolución y desarrollo, aquellos males que nos alejan de la virtud y el buen comportar. En nuestro mundo contemporáneo, debemos cuidar las formas de actuar y desenvolvernos en la relación con el otro, el medio natural y social y la convivencia en comunidad. Existe un área negativa en la conducta de la humanidad, aquello que se asume como pecado, delito o falta, desencuentro u ofensa, cuando el uno agrede al otro, cuando no respetamos la libertad, cuando la mentira ataca la sana convivencia, entonces, el engaño aparece, el ocultamiento de la verdad, una carencia de honestidad, mentira que hiere, pero que deseamos mantener oculta en el anonimato, darle un barniz para que el paso del tiempo permita corregir sus huellas, nada más alejado de la verdad, aquella que te permite ir por la vida sin agachar la cabeza cuando puedes quedar en evidencia. Así declama el dicho popular: “La mentira tiene piernas cortas” y en algún momento de nuestra historia personal, se nos aparece aquel engaño que situábamos en la memoria remota de nuestros semejantes. El engaño causa daño y dolor, pero la humanidad parece validar aquello que a todas luces no es correcto ni adecuado, pues hemos asumido cierto acuerdo tácito, en que la mentira es un antivalor que se debe erradicar.

El engaño no tiene nada que ver con la lealtad, el compromiso y la honradez, es un acto depredador que corrompe la relación entre personas, un pasadizo a la enemistad y las discordia, pues no estamos dispuestos a asumir el engaño y aguardar el perdón, quizás, alguien, entre sus fortalezas, se permite la reconciliación después de la mentira, pero son seres superiores quienes ante el engaño y la ascensión de la verdad pueden, como el maestro de Belén, perdonar sin restricción.

Cuando te descubren, cuando quedas en evidencia absoluta, como insigne mentiroso, se te viene a la cabeza, la falta, resucitan los temores, quieres escapar, perderte en la maraña de tu propia historia sin siquiera asumir, que tú fuiste el culpable, aquel que se sienta en el banquillo de los acusados; por tal, no será más sano y libertario asumir la verdad con todas sus implicancia y no destruir una armónica relación con el otro.

Cada uno propone su propia escala de valores, la aprendemos desde niños, en la práctica cotidiana, ajustándonos a la enseñanza de los mayores y somos, ellos, quienes enseñamos el engaño a aquellas mentes infantiles que comienzan a navegar por la vida en la seguridad de alcanzar un buen puerto y una armónica existencia.

En la voluminosa historia de la humanidad, hemos asistido a tremendos engaños, que con el devenir del tiempo, se han verificado certezas y comprobado falsedades, muchos han quedado en evidencia después de años, siglos y milenios, tremendas mentiras que trascienden pueblos y generaciones, que pretendieron tergiversar el devenir de los acontecimientos, enseñar triunfos y victorias, que fueron, tristemente, engaño y falsedad.

Creo, prudente, izar la bandera de la verdad, reconocer el error, hidalgamente, con prudencia y mesura para que la armonía brille después del vendaval cuando asoma un atisbo de honestidad. Vendrán otros después de nosotros, aquellos que aún no han nacido y cuestionarán nuestro proceder, prefiero ser prudente y añorar la lealtad.

Este universo que nos correspondió habitar necesita lealtad, necesita hombres y mujeres veraces, capaces de asumir el error o equívoco para comenzar de nuevo. Si pudiéramos conducir la verdad y lealtad en nuestros actos, seríamos una mejor comunidad y construiríamos un mundo mejor donde reine la armonía y sana convivencia, el diálogo y el encuentro serán nuestro mejor baluarte.

Decididamente, digamos no al engaño, aunque la verdad sea cruel e hiriente, pues más vale una definición honesta que el engaño tortuoso. Asumamos lealtad para convivir en el encuentro. No te dejes seducir por el engaño, más vale una lágrima, que el llanto eterno…

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