Mitigar el hambre y la necesidad

Todos debemos asumir algo por lo cual agradecer, aunque las necesidades sean tremendas, aunque el cielo aparezca siempre nublado, aunque se agote la esperanza.

Hoy, somos un poco más felices, ante tanta tragedia encontramos buenas noticias que alumbran nuestro destino, siempre es mejor mirar lo positivo de los acontecimientos, agradecer la bendición del alto cielo, aguardar tiempos nuevos que me permitan vivir en paz, armonía y quietud, somos una parte del todo universal, minúsculos seres enfrentados a la inmensidad, partes de un proyecto tridimensional en coexistencia terrestre, unos junto a otros ligados por las palabras y nuestras obras de bien o mal, en sentido honesto de reconocer las propias limitaciones y la fragilidad de la vida que puede ser flanqueada por la redención después de la muerte. Hoy, es tiempo de ser un poco más felices…

    Todos debemos asumir algo por lo cual agradecer, aunque las necesidades sean tremendas, aunque el cielo aparezca siempre nublado, aunque se agote la esperanza, sobre todo para los más desvalidos y postergados de la sociedad cuando falta el alimento para enfrentar el día a día, pero, de alguna manera, se debe mitigar cada necesidad, es tarea de todos ir en ayuda del postrado, de los adultos mayores, de los enfermos, cesantes, aquellos que conviven a diario con la pobreza; entonces debemos reaccionar, ser solidarios y caritativos, hoy, más que nunca se requiere de nuestro apoyo para cada hermano que sufre, debemos estar presentes, atentos y responsable con la necesidad ajena, debemos ser una auténtica comunidad, miembros de una sociedad justa que practique el amor al prójimo como valor fundamental y trascendente.

    Si bien, la pandemia del Covid-19 nos ha atacado sin tregua, si bien nos hemos enfrentado a una contención de la pandemia sin experiencia previa, que hemos modificado nuestras acciones cotidianas: Eliminamos el saludo cercano, guardamos la distancia con el otro, usamos mascarillas y tantos otros elementos que se requieren, los estudiantes se encuentran en suspensión de clases desde el 16 de marzo pasado, tenemos toque de queda, cordones sanitarios y cuarentenas en diversas comunas del país, entre otras tantas medidas asumidas por la autoridad central y los alcaldes de cada comuna. Por tal, no podemos asumir que nos encontramos en normalidad, esta es una situación global que trasciende a los países; por tanto, la responsabilidad de evitar la propagación de este virus requiere de nuestro personal compromiso y rigurosidad para acatar la normativa vigente y cuidar y cuidarnos con absoluta responsabilidad.

    Pero ante tanta desgracia, ante los muertos que suman miles y millones por todas partes del planeta, cuando la necesidad actúa como guillotina para la familia, cuando falta el alimento a la mesa y el desamparo muestra la cruda realidad; entonces, debo agradecer mi personal convivencia en armonía e ir en ayuda de mis hermanos desvalidos que habitan a la vuelta de la esquina.

    De pronto y sin aviso previo, hubo que suspender infinidad de eventos, actividades, planes, programas y proyectos; todo pospuesto para un futuro incierto y relativo que aún no alcanzamos a dimensionar. Por tanto, quien pueda ayudar al otro más desvalido se agradece; pero, también, apelar a las autoridades para continuar con la mitigación de la pandemia en un mundo que ya no es el mismo, la ficción superó a la realidad.

    Somos millones los que anhelamos volver a la normalidad, pero son muchos más los que, hoy, luchan, a brazo partido, para sobrevivir en un mundo en colapso. No tenemos certeza cuando abrazaremos con cariño a nuestros padres lejanos, cuando el recién nacido podrá ser mostrado en sociedad, cuando seré parte de un país y un planeta más justo donde se reparta, equitativamente, la riqueza y nadie sufra hambre ni necesidad.

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