En la etapa histórica que asistimos debemos estar a la altura de las necesidades de nuestra población.

Amo mi extremo sur del planeta, mi lluvia, mi primavera, mi cielo azul o estrellado, la sonrisa de un niño recién nacido, mi pueblo, mi gente, mis amigos y aquellos más cercanos, amo una cabalgata serpenteante entre los cajones de mi cordillera de los Andes o el secano entre espinos y maravillosos dientes de león que deslumbran de amarillo. Amo enseñar a los jóvenes quienes muy pronto serán adultos en este mundo en constante y permanente transformación, amo la buena música, el teatro y la parodia, asistir a Misa el día domingo y degustar un mote con huesillo a la media tarde en el puesto de la esquina, amo dormir tranquilo, caminar descalzo por la arena frente a mi océano intranquilo, amo escuchar el susurro de la mujer amada.

Pero, hoy, debemos posponer cada acontecimiento particular en el gusto de cada uno pues el Chile que conocíamos ha cambiado por múltiples y variados factores. Sobre la mesa se instalan los requerimientos y peticiones de la sociedad, justicia implacable ante tanta mala distribución de la riqueza, la instalación de una clase política de elite, la usura y en ocasiones, la malversación de los recursos, la segregación.

En las últimas décadas, hemos asistido a una paz relativa, hemos visto como el ejercicio democrático se manifiesta; pero no supimos conducir la solución a las demandas sociales, vendimos nuestro patrimonio: La luz, el agua y tantos otros bienes de servicio fueron privatizados, no existió un traspaso de la riqueza para los sectores más vulnerables de la sociedad, la debilidad del empleo estacional, sobre todo, aquí, en nuestra zona central que se potencia y desarrolla en el trabajo agrícola, el cual, durante los meses de invierno no demanda mano de obra, por ejemplo.

En la etapa histórica que asistimos debemos estar a la altura de las necesidades de nuestra población, no fue ningún acierto posponer las soluciones que por derecho propio aparecerían en el concierto global de la población, proclamar ceguera política y no mirar los acontecimientos que venían denunciando problemas radicales y sustantivos.

Se agradecen las propuestas del Gobierno de Chile, la apertura de los senadores y diputados que están de acuerdo en legislar adecuadamente y con celeridad, a estar de acuerdo en que las soluciones ofrecidas a la población deben necesariamente estar en concordancia con el nivel de soluciones a que se aspira, que las medidas de solución ya no pueden esperar, que hemos comenzado un proceso transformador que requiere la participación de todos y todas las chilenas, que no se esperan soluciones de parche, sino más bien, transformaciones estructurales.

 

Es por ello que se convocará a un plebiscito en abril del 2020 en el cual se preguntará a la población si está de acuerdo con iniciar un proceso constituyen para generar una nueva constitución, que a mi entender, movilizará a la población mayor de 18 años a acudir a las urnas para manifestar su personal opinión y comenzar así una solución meridiana a la génesis del conflicto y estallido social, ya que la carta magna a que se aspira es la estructura orgánica del quehacer democrático de la nación, es el cimiento fundacional de nuestra sociedad, desde entonces, podremos opinar sobre el Chile que queremos y cómo resolver los problemas y conflictos sociales que nos preocupan en el presente.

Si en todo aquello pusiésemos unas gotitas de amor, un tanto de solidaridad y caridad con los más vulnerables, no estar de acuerdo con la mala distribución de la riqueza, atender a los más necesitados y desvalidos, a escuchar los gemidos de la pobreza en cada rincón de la patria “otro gallo nos cantaría”.

 

Chile lo construimos entre todos, desde aquí, en el sur primigenio y allá en el norte robusto y poderoso, cerca de la playa y a las falda de Los Andes, mirando hacia el cielo desde la madre tierra.

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