Más vale la pena vivir atesorando el hoy que puede ser mañana en felicidad y goce de aquel universo creado a nuestro alrededor, más vale enamorarse del bien en la paz de la esperanza, ser trascendente al buscar de respuestas, fiel amigo, testigo en el juicio de Dios, un ser provisto de existencia en el mundo real y concreto que nos correspondió vivir.


Más vale abrir el alma al amor que dejar correr la vida sin esperanza, descubrir la fe en la caída de una lágrima en los ojos de un niño de la calle, aquel quien viaja desprovisto en el ruido de la calle sin llamar la atención del hombre ocupado en quehacer cotidiano que esperar la muerte sin esperanza más allá de este universo.

Más vale observar la quietud frente al océano intranquilo, en la dulzura de la arena tibia, en los rayos del sol que atraviesan las nubes, en los barcos uniéndose tras el horizonte para desaparecer incógnitos, una pequeña huella que se guarda en la memoria al hacer la tarde cuando las estrellas chisporrotean hacia el poniente.

Más vale elegir ser honesto frente al miedo del engaño, ser humilde en la opulencia, atrevido en el hacer de cada día, asertivo, sistemático, metódico y constructivo.

El poeta abandona el hogar para viajar en las palabras, escuchar la voz de las cosas, mirar entre el tráfico constante del hombre que viaja a tientas por sobre los callejones, quien amanece tirado a la berma del camino, testarudo, prestidigitador carente de sentido, alma original en el recuerdo de mejores tiempos, cesante, necesitado, vagabundo. El poeta no descansa, protege tesoros invaluables ante un hoja de papel blanco, allí cuando salta una imagen, cuando los colores se multiplican en mil formas y diseños, cuando el amor lo promete todo, el agua pura y cristalina navega en el desierto. El poeta decide ser redentor, mesías y profeta, cargador de sueños, nota transparente sobre el piano, huracán, aguacero o llovizna, sur inmenso, antártico destino, una mano que coge la otra, una rueda moribunda bajo el sol.

Más vale apreciar la vida, elegir la rosa más florida en el jardín, despertar con entusiasmo pues en algún un rincón del espacio se atesora un arco iris plagado de chocolate y miel de pica, ir por la existencia cantado una melodía trivial que acompaña cualquier soledad, elegir el atuendo y ser candidato a profesor para alcanzar la vitalidad de un niño jugando y la impresión de su rostro ante las primeras letras.

Soy, fiel a mis convicciones, dedicado en el trabajo, lucho siempre por alcanzar una meta, desprenderme de la arrogancia, militar en el campeonato de la sonrisa, estar atento a quienes me rodean, merodear la locura, apaciguar la discusión, aceptar la crítica sin contrapunto, mirar más allá del cerco que impide transitar en libertad, acumular armonía y paz, dejar lo mío para ser tú y nosotros.

Después del colapso en la ruina, después de la ira en la guerra, delincuencia, tráfico de drogas y tantos más, es posible transitar hacia el encuentro en la armonía y la paz, es posible iluminar cada existencia bajo el prisma del amor como valor fundamental, del respeto hacia los semejantes, por tal, más vale la pena vivir atesorando el hoy que puede ser mañana en felicidad y goce de aquel universo creado a nuestro alrededor, más vale enamorarse del bien en la paz de la esperanza, ser trascendente al buscar de respuestas, fiel amigo, testigo en el juicio de Dios, un ser provisto de existencia en el mundo real y concreto que nos correspondió vivir.

Soy una porción de hombre inconcluso, en proceso de creación permanente, comparsa en la fiesta de la vida, destartalado viajero apresurando los minutos para alcanzar la muerte cuando me salga al paso en cualquier instante sin presagio, soy placer ante la mesa servida, ilusión en un universo distante, artesano de sílabas en este lenguaje único para cantar a la muerte y a la vida, para dormir profundo en sueños de ilusión, dispuesto al diálogo cuando sea perentorio, al amanecer de cada día para armar nuevos desafíos, nuevas tendencias del amor en una sociedad digital que deja poco espacio a la palabra cantarina en el discurso del hombre común.

Más vale un buen acuerdo que un mal juicio, una crítica constructiva que la desazón de la falta de entendimiento, un niño feliz en el juego que el trabajo forzado antes de tiempo, un pan y un tazón de leche que el hambre brutal y despiadada, un maestro que acompaña que quien impone su propio criterio, una conversación amena y distendida que el ardor de la falta de atención.

Mañana puede ser muy tarde, mañana no nos pertenece, el mañana es difuso, poco certero, una probabilidad entre otras muchas, por tal, asignemos atención al minuto presente que en un abrir y cerrar de ojos nos puede cambiar la vida. Más vale un pequeño esfuerzo para comprender al semejante en su necesidad, para proteger este paraíso en la tierra donde todos y cada uno somos pieza importante; más vale aceptar al otro en su realidad circunstancial sin menosprecio ni descalificación, hombres y mujeres en tránsito permanente hacia un mejor destino.

Soy caballero andante en una aldea de molinos, quien acepta el quehacer cotidiano como oportunidad de aprendizaje; entonces, más vale aceptar cada desafío y proponerse dar de sí la mejor virtud asignada en gracia.

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