La verdad nos hará libres

Cuando niños pequeños no sabemos mentir, para el infante todo transcurre según la buena fe de los actos, ellos están protegidos contra la mentira y el engaño…


Llevemos, como bandera, la verdad ante todo, ser honestos en nuestro actuar y ante todo evento, si enseñamos a nuestros niños bajo este concepto, tendremos una mejor convivencia y la sociedad en su conjunto transitará por un destino auspicioso que atienda el sentido fundamental de habitar un planeta en el cual, todos sin excepción, asumamos la verdad como valor fundamental y trascendente.

A veces, apegarnos a la verdad tiene un costo, de seguro, podemos falsear la realidad, pero aquello durará mientras aparece el conocimiento cabal de tal o cual acontecimiento, el engaño dura hasta que aparece la certeza de la mentira. Podemos mentir, pero aquello durará hasta que aparezca la verdad.

Cuando niños pequeños no sabemos mentir, para el infante todo transcurre según la buena fe de los actos, ellos están protegidos contra la mentira y el engaño; incluso, pueden poner en evidencia aquella falacia que los adultos pretenden imponer en su discurso cotidiano; entonces, somos los adultos quienes enseñamos a mentir. Pero, la verosimilitud en el discurso va más allá del sólo hecho de ocultar los acontecimientos, tiene el sentido de engañar, de encubrir un acto, acción o acontecimiento, mentimos por diferentes motivos: Para resguardar nuestro puesto en el entramado social, proteger los intereses mezquinos del sí mismo, para obtener algún beneficio personal, para encubrir algún acto reñido con la conducta éticamente aceptada, para agraciar a otro o, simplemente, para negar el sentido supremo de ser honestos.

Mientras, nuestros niños y jóvenes van conformando una auténtica personalidad, la generación adulta debe enseñar valores trascendentes y uno de ellos es: La verdad ante todo. No importa el perjuicio que puede producir narrar los acontecimientos tal y cual ocurrieron; es absolutamente necesario apegarnos a la verdad como premisa de vida y convivencia social.

Algunos señalan que, en ocasiones, es mejor parcializar la verdad, contar aquello que nos conviene y guardarse algunos detalles que pueden ser escabrosos, pero entonces, también mentimos, falta parte de la verdad y aquello puede ocasionar descrédito, desprestigio y conducirnos a error.

Siempre será mejor asumir la verdad en su conjunto, como una totalidad, ser veraces en todo momento, pues existe una sola verdad, sin matices o agregados.

La religión cristiana propone: La verdad nos hará libres. No limitaremos nuestra convivencia entre hermanos de una misma fe a ocultar la rectitud de nuestros actos. La especie humana, en su condición de seres pensantes, dotados de valores morales y en absoluta consciencia de nuestros actos debe asumir un rol superior ante el continuo diálogo en la convivencia humana. Siempre hay otros que pueden ser perjudicados por nuestras malas acciones y una de ellas es falsear la verdad para beneficio propio o de
algún órgano de la sociedad en que vivimos.

Les invito a ser fieles a la verdad, sin tapujos, sin adornos. Apegarnos a la realidad de los acontecimientos, tal cual ocurren, pues, no siempre el paradigma de la honestidad vendrá en nuestro beneficio propio.

Mentir se nos puede convertir en un hábito, mentir sin necesidad, sólo por el placer de ocultar ciertos detalles en el universo inconmensurable de la existencia humana en este planeta. Debemos asegurarnos decir, siempre y ante cualquier evento, la verdad.

Estimado lector, que mis palabras sean un pequeño aporte a la sana convivencia, que estemos dispuestos a limitar el engaño y la mentira, difuminar falsedades que nos conduzcan al caos y el desorden.

La verdad nos hará libres y si vamos por la vida siendo honestos, de seguro, nuestra recompensa será convivir en un planeta en paz y armonía donde cada quien tendrá un lugar de privilegio para ser respetados por la condición de hombres y mujeres que añoran un mundo feliz en el cual habitar.

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