La permanente discriminación en nuestro medio

A pesar de todos los cambios sociales. Chile es un país discriminador.


Según la Real Academia de la Lengua Española, discriminar es “dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, etc.

Chile es un país discriminador. Cualquier argumento en contrario es solo una mera justificación a un fenómeno social que viene desde tiempos remotos y que casi está incrustado en nuestro ADN. A tal punto ha llegado este problema social, que incluso fue necesario que los Sres. Parlamentarios dictaran la Ley N° 20.609 (o Antidiscriminación), promulgada el 12 de Julio de 2012 y publicada en el Diario Oficial el 24 de Julio de ese mismo año, cuerpo legal exclusivo para abordar en nuestro país esta situación de conflicto social. Y conste que esta Ley no solamente se refiere a la discriminación por la orientación sexual, ya que se ha dado en llamarla “Ley Zamudio”.

Según rezan los juristas, el objetivo central de esta Ley es “instaurar un mecanismo judicial que permita restablecer eficazmente el imperio del derecho toda vez que se cometa un acto de discriminación arbitraria, estableciendo un procedimiento judicial y medidas sancionatorias en caso de comisión de un acto de ese tipo”.

Esto se conecta directamente con el Art. 19 N°°2 de la Constitución Política de la República de Chile, el que consagra el principio y derecho fundamental de igualdad ante la ley, el que en su inciso segundo dispone que “ni la ley ni autoridad alguna podrán establecer diferencias arbitrarias”. Por ello, la ley antidiscriminación es constitucional, al castigar las discriminaciones arbitrarias.

Se estima que una discriminación es arbitraria cuando se funda en motivos tales como la raza o etnia, la nacionalidad, la situación socioeconómica, el idioma, la ideología u opinión política, la religión o creencia, la sindicación o participación en organizaciones gremiales o la falta de ellas, el sexo, la orientación sexual, la identidad de género, el estado civil, la edad, la filiación, la apariencia personal y la enfermedad o discapacidad.

Sin embargo, a pesar de la protección legal a los ciudadanos que puedan ser afectados, en Chile aún se sigue discriminando soterradamente en acciones que no alcanzan a ser constitutivas de delito, pero que sí van en desmedro de la tranquilidad y la paz de los afectados. Vamos al grano: los poderosos discriminan a los más débiles; los pobres discriminan a los ricos; los jóvenes discriminan a los viejos; los jefes discriminan a sus empleados y viceversa. Los políticos de un sector discriminan a los del bando contrario. En el diario acontecer, se discrimina al “chico”, al “guatón”, al “cojo”, al “cabezón”, al “cuatrojos”, al “curco”, al “cola”, al “tonto”…

Para qué seguir. Lo que sucede es que con nuestro particular enfoque de ver las cosas, muchas veces las diferentes formas de discriminación son abordadas como simples bromas. No olvidemos que siempre hemos tenido doble estándar y que además nos caracterizamos mayoritariamente por tener comportamientos hipócritas. Y eso lo aprendemos desde niños…

La mejor forma de erradicar la discriminación es educar a niños y jóvenes en el hogar y en el Colegio, para que aprendan a convivir en un medio en el cual -sobre la base del respeto mutuo en nuestra sociedad- tienen cabida todas las opiniones y formas de vida, todas las expresiones diversas, siempre y cuando no se sobrepase el esencial respeto a la moral y las buenas costumbres, tan necesario para mantener nuestro equilibrio social.

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