La ansiada libertad (primera parte)

Si pudiéramos requerir la opinión de variadas personas sobre el concepto “libertad”, nos encontraríamos con igual diversidad de respuestas…

La concepción más simple para el común de las personas sobre la palabra “libertad”, se asocia con el anhelo de poder decir y hacer lo que se quiera en cualquier momento y en cualquier circunstancia. De veras, es muy difícil establecer el delicado límite existente entre “libertad” y “libertinaje”.

Si pudiéramos requerir la opinión de variadas personas sobre el concepto “libertad”, nos encontraríamos con igual diversidad de respuestas, ya que cada uno quiere asociar este concepto con experiencias de tipo personal que les haya correspondido vivir y con las expectativas que cada cual tenga. Es que la libertad siempre ha sido requerida para buscar nuevas y mejores formas de vida, no solo en lo individual sino que principalmente en lo colectivo.

La historia del hombre está plagada de hechos y acontecimientos en los cuales la búsqueda de la libertad ha sido uno de los principales motivos que los justifican: revoluciones, movimientos sociales, guerras, cruzadas, etc., han tenido el concepto “libertad” como el componente básico que justifica la acción individual y colectiva de millones de personas, quienes en su nombre han promovido grandes cambios que, incluso, han marcado el cambio de una época a otra.

“Libertad: cuántas injusticias se han cometido en tu nombre”, dice el refrán popular que denuncia los errores que en muchos momentos de la Historia de la Humanidad se han producido, ya fuere porque las reales causas de los movimientos no eran libertarias, o por liderazgos mal asumidos. Sea cual sea la causa de esos errores, lo concreto es que muchas acciones humanas colectivas humanas han llevado al fracaso por haber tratado de justificarlas en nombre de libertad, no siendo esa su verdadera justificación.

En el sentido más estricto, el concepto “libertad” es la facultad del hombre para obrar según su voluntad o su naturaleza. Así lo plantea la más elemental de las definiciones. El problema es que –de un mínimo análisis de esta concepción- surgen las más variadas interrogantes acerca del correcto proceder que las personas puedan tener en el legítimo uso de su libertad. ¿Están realmente preparadas todas las personas para proceder en forma ética, principalmente en la toma de decisiones que afectan a otras personas? ¿Cuál es la escala de valores que poseen las personas para asegurarnos que sus acciones no perjudiquen a otras personas? ¿De qué manera las decisiones de una persona le benefician o perjudican? ¿Cuándo se inicia y se acaba la propia libertad? En fin, ¿ejercemos responsablemente nuestra libertad?

Cada uno de nosotros tiene la respuesta…

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