Jóvenes adolescentes del siglo XXI

Quisiéramos que nuestros jóvenes hereden la tierra para poblarla y transformarla, para que sea un mundo más amigable donde el respeto, las buenas costumbres y el amor sean brújula y astrolabio, un horizonte por alcanzar.


Ha pasado el tiempo, cual siempre pasa y los de antaño ya no somos los mismos, la generación mayor, habitante del siglo recién pasado, ha debido enfrentar rotundos cambios, adaptarse a los tiempos modernos y descubrir la vida con esfuerzo y empeño sublime.

Nuestros hijos han crecido, aquello habitantes del siglo XXI poseen opinión propia y una personalidad exclusiva. Nosotros debemos atender a estos cambios, reconocer que en poco tiempo, los menores, vendrán a reemplazarnos, a ocupar nuestro lugar en el entramado social; ellos serán quienes nos gobiernen, quienes construirán el nuevo tiempo y debemos comprender su pensamiento, sus nuevas costumbres, su modo de resolver los problemas y conflictos y manejar una sociedad en constante cambio y transformación.

Nuestros jóvenes son digitales, movidos por la era del conocimiento y la técnica, virtuosos en el uso de la tecnología, de inteligencia múltiple, inquisitivos, curiosos, motivados por la música, regidos por una moral diversa, cuestionadores, atentos a las innovaciones que ofrece el mercado, dueños de sí mismos, capaces, observadores y dinámicos.

Entonces, la generación mayor debe tratar de entender estos nuevos modelos de personalidad, ser apoyo, soporte y referente, modelo, maestros y educadores para canalizar la energía que proviene de la vida en plenitud.

Esta nueva era, esta nueva época será regida por aquellos que nosotros formemos; por tal, somos responsables de su educación, debemos ofrecer valores, costumbres y modos de existencia validados y de acuerdo a nuestra moral, la que sostiene a la sociedad en que habitamos. No debemos permitir que la desidia, el egoísmo, la vulgaridad y el desprecio sean modelos de vida. No permitir el abandono y la soledad de aquellos que están desvalidos y huérfanos. Acompañar al que sufre, atender al enfermo, escuchar al doliente, dar buen consejo y ser un referente positivo; así, podremos confiar que el tiempo venidero será de armonía y paz, consolidando una sana y mejor convivencia.

Ser adolescente en el siglo XXI implica construir una personalidad amplia y abierta a la aceptación de conceptos y criterios innovadores, pues el universo cambia y se transforma a diario, por tanto, nuestros jóvenes deben apresurar el paso y encontrar su lugar en este espacio y tiempo concreto; aquí, en el planeta de lo desechable, cuando todo gira y gira como un reloj del tiempo sin manecillas, abrumado y desquiciado.

Quisiéramos que nuestros jóvenes hereden la tierra para poblarla y transformarla, para que sea un mundo más amigable donde el respeto, las buenas costumbres y el amor sean brújula y astrolabio, un horizonte por alcanzar.

Quizá, nuestros adolescentes se sienten incomprendidos, quizá alegan libertad ante la imposición de criterios que los adultos intentamos regular, quizá nos hace falta ponernos en su lugar, ser empáticos. Permitir la innovación, buscar nuevos modelos de pensamiento, donar comprensión y escucharlos, quizá, sólo escucharlos, ellos tienen mucho por decir.

Estimados jóvenes y jovencitas, el mundo les pertenece, la vuelta inmutable del tiempo nos señala que son ustedes los encargados de esta aldea global. De seguro, no es la mejor herencia que les podemos dejar, pero es lo que pudimos construir con nuestros medios y circunstancias.

Ojalá, vuestro nuevo mundo del siglo XXI sea el acierto que siempre hemos esperado y que la injusticia, el desamor, la violencia y la ira se erradiquen de nuestra sociedad para vivir felices en un planeta en armonía.

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