¿Hasta cuándo la violencia y la delincuencia?


¡Basta de palabrería y demagogia!

El autor de este comentario no adhiere a corriente política alguna, por tanto el enfoque es desde la perspectiva de un trabajador independiente, quien al igual que millones de chilenos solo nos dedicamos a nuestra familia y a nuestro trabajo. No hay entonces una visión ni de derecha ni de izquierda, para que los lectores se ahorren tiempo tratando de interpretar lo que no necesita ser interpretado.

Lo concreto es que en nuestro país la delincuencia y la violencia se han desatado con una fuerza inusitada, mostrando acciones que se caracterizan por formas extremistas y que no tienen ningún respeto por la vida de las personas. Ud. va por la calle y no sabe si volverá a su hogar: nadie sabe en qué momento se verá enfrentado a delincuentes o violentistas, quienes no trepidan en atacar a personas inocentes, muchas veces por un botín de cien pesos.

Las Autoridades se ven traspasadas en su accionar. La Justicia solo aplica medidas cautelares que causan risa incluso a los propios delincuentes.

Ya no hay respeto a la vida ni a la propiedad privada. Se destruyen locales comerciales y empresas y nadie dice nada. Nadie piensa en las pérdidas y en el esfuerzo de personas emprendedoras, que muchas veces pierden el trabajo de toda su vida. Se ataca a Carabineros, se destruyen sus carros policiales y motos, y nadie dice ni hace nada.

Veamos un caso concreto: 21 de Mayo, Valparaíso. A vista y paciencia de todos, a plena luz del día y en plena Celebración del Día de las Glorias Navales, delincuentes y terroristas incendiaron dos edificios, incluido uno de dependencia municipal. Murió un guardia en su interior, un trabajador que tenía familia. Todos lamentan el hecho, pero veremos qué castigo tendrán los autores. En el caso de atentados incendiarios con resultado de muerte, el Código Penal chileno estipula presidio mayor en su grado máximo, incluso cadena perpetua. Pero sabemos que si se lograra identificar a los autores de este hecho, no cabe dudas que no se aplicarán estas medidas, pues los delincuentes y terroristas hasta tienen Abogado Defensor, financiado por el propio Estado con recursos de todos los chilenos (léase impuestos).

Dicho sin eufemismos, la delincuencia y el terrorismo se apoderaron de Chile y nadie sabe dónde llegaremos. Ya nadie se asombra de asesinatos a plena luz del día, asaltos “tipo portonazos” (eufemismo total), atentados incendiarios, explosión de bombas, ataques y asaltos a peajes y bombas bencineras, quema de buses, asaltos en plena locomoción colectiva, atentados en el Metro… La violencia ha llegado a tal punto, que hace unos días en el extremo sur del país una mujer fue atacada con tal encono, que incluso le arrancaron los ojos y parte de su masa cerebral.

Si a Ud. esto no le causa ningún asombre, precisamente es porque los chilenos nos hemos acostumbrado a que esto y mucho más sea totalmente normal. Sumemos a lo anterior el hecho que estamos viviendo en una sociedad extremadamente individualista, en la cual a pocos les interesa lo que le pase a los demás… hasta que no les pasa a ellos…

¿Cuál es la explicación de todo esto, si es que tiene alguna explicación? Todo parte durante la edad de niñez y adolescencia de estos energúmenos: los delincuentes y terroristas generalmente son niños que crecieron en ambientes desordenados y promiscuos, sin autoridad paterna, sin reglas claras, privados de cariño y afecto, llenos de resentimiento y ansias destructivas. Algunos aducen deprivación social, refugiándose en movimientos sociales y políticos que pretenden “reivindicar” sus carencias. Pura palabrería, ya que esto último no es excusa para cometer sus fechorías, ya que la sociedad actual brinda todas las plataformas sociales para la promoción de personas socialmente vulnerables.

Caldo de cultivo para los violentistas y delincuentes es la permisividad de la sociedad actual, en la cual las reglas se relativizan. Esto se hace extensivo a todas las Instituciones, incluidos los hogares y los Colegios. En muchos hogares quienes fijan las reglas son los hijos. A los Colegios se les amarran cada vez las manos para cumplir con la tarea formativa. Las mismas Autoridades Nacionales cuestionan que los Colegios exijan –entre otras cosas- el uso de Uniforme Escolar, puntualidad, asistencia, cumplimiento de las obligaciones escolares, etc.: esto contribuye a la formación de hábitos, actitudes positivas, disciplina.

Otro elemento importante de considerar es el creciente consumo de drogas y alcohol: no cabe duda que la mayoría de los delincuentes y terroristas actúan bajo la influencia de sustancias estimulantes, sino no se explica cómo estos trogloditas no tienen respeto por ninguna vida, ni siquiera por la propia. Y ante este masivo consumo de drogas, sería bueno conocer la opinión de aquellos y aquellas que –por ser “buena onda”- proclaman la pronta legalización de la marihuana, con la excusa que las plantaciones solo serán con “fines medicinales”. Conociendo la idiosincrasia nacional, sabemos que esta es una argumentación ingenua, pues el consumo se hará ilícitamente cada vez más masivo.

Lo anterior ya está ocurriendo: sino, basta con revisar lo que está sucediendo en muchos Colegios, en que el consumo de marihuana es cada vez mayor incluso con la anuencia de los propios Apoderados. Pero como somos hipócritas, nos hacemos los desentendidos como si nada supiéramos, invocando “protocolos” escolares inadecuados, mientras tanto muchos estudiantes ingresan marihuana para consumo y no se les puede aplicar sanciones drásticas porque luego aparecen los eternos defensores, quedando esta grave falta en la total impunidad. ¡Basta de doble discurso! Me gustaría preguntar a muchas Autoridades si les gustaría matricular a sus hijos en Colegios en los cuales se consume marihuana.

La marihuana es ilegal, produce adicción y daña el Sistema Nervioso Central de quien la consume. Quien diga lo contrario, que se haga responsable de ello y sea posteriormente capaz de mitigar los graves daños sociales que su consumo produce.

Autoridades: somos millones y millones de chilenos que queremos vivir en un país en paz, sin delincuencia y terrorismo, con justicia para todos. Dejen desarrollarnos como personas, cuidando a nuestras familias y consagrándonos a nuestras obligaciones laborales. Por ello, pedimos que endurezcan las sanciones penales a los delincuentes y que Chile vuelva a ser lo que siempre ha sido: un país de gente sencilla y de sana convivencia.

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